viernes, 7 de noviembre de 2008

The Economist y los titulares domésticos

Escribir titulares es también un arte, hecho que sale a relucir por estos lares con mayor frecuencia de la que sería deseable. Y lo es, sobre todo, habida cuenta de la tradicional e ibérica maldición sobre los idiomas y de la no menos tradicional e ibérica costumbre de comprar el periódico porque regalan el último deuvedé de algún director de esos que considera que enseñar una teta en el momento oportuno, en el no oportuno o, sencillamente, en todo momento, suple la falta de argumento y de oficio al tiempo que justifica las subvenciones. Sin tetas no hay paraíso, como ya sabemos.

But I digress. El caso es que sale uno en una mañana de viernes a hacerse con la película, perdón, con el periódico, y de paso con los sudokus o los cursos de inglés de regalo o la colección de recetas para hacer en cinco minutos, sin esfuerzo alguno, con ingredientes de andar por casa y por un módico precio una milhojas de pétalos de rosa con reducción de membrillo aromatizado con jengibre, sobre un lecho de verduras frescas salteadas, rociadas con una reducción de Pedro Ximénez y adornadas con bolitas de caviar. Algo así. Recetas para la clase obrera de chaqueta de pana, en definitiva, que uno sabe bien que el periódico que compra es de los suyos. Casi de la casa.

En fin, que embutido en el chándal y con el periódico felizmente comprado (ser uno de los 2.598.800 da al menos para eso, que ya es algo) se planta uno en casa y se pone a hojear aquel engendro, fundamentalmente en busca de los pasatiempos. Y como quien no quiere la cosa, en una de esas vueltas de hoja, sus ojos pasan por encima de un titular que asegura:
'The Economist' defiende que España esté en la cita del G-20
"¡Ajá!", se dice uno, a quien eso de que las dos primeras palabras estén en inglés le parece así como muy prestigioso, muy oportuno, muy a tono con la nueva y recién hallada vocación internacional de España. "Las publicaciones del mundo entero saliendo a defendernos. Si es que el presi tenía razón." Un vistazo a la primera frase de la noticia basta para confirmarlo:
"España tiene algo que decir en cualquier debate sobre las finanzas mundiales", afirma el semanario británico The Economist...
Se sonríe uno, congratulándose por tan acertada elección de presidente como la que hizo este nuestro país hace unos meses, adelantándose a la revolución de Obama. "Ay", se dice con cierta mirada condescendiente pero --ahora sí-- empática, "si es que estos yanquis, los pobres, ha tardado en tomar ejemplo". Seguro que lo próximo que haga Obama será proponer que todas las civilizaciones del mundo queden citadas dentro de unas semanas en algún lugar previamente designado para empezar a preparar un musical multirracial, multiétnico, multigenérico, multicorrecto y multicolor. Estreno previsto el 20 de enero, en el día anunciado del advenimiento cuya buena nueva nos fue dada a conocer por las revelaciones de Pepiño Blanco.

Vuelvo a irme por las ramas, ay de mí, qué dispersión, pero es que son tantas las buenas noticias y es tanta la esperanza... El caso es que si uno, en una rareza estadística, va más allá de esa primera frase y continúa leyendo, puede que se le ensombrezca algo el entrecejo, porque entonces resulta que descubre que esos ingleses --la perfidia de Albión, ya se sabe-- andan por ahí diciendo que nuestro presi ha mostrado "escaso interés en el mundo más allá de España". Y no sólo eso:
Pero [el semanario] no ahorra críticas: "La historia quizás juzgará que Zapatero tenía razón al oponerse a la guerra de Irak. Pero [su política exterior] se ha parecido más a los lamentos de una ONG que a la búsqueda del interés nacional de un país que quiere ser tratado como líder mundial".
Claro que para eso hay que llegar a la última línea de la noticia, que ya es mucho suponer, porque la carrera hacia el sudoku y la programación de la tele para esta tarde suele ser vertiginosa, y los titulares desfilan a gran velocidad ante los ojos del ávido lector (sí, bueno: lee titulares, ¿no?) y, en fin, que no da tiempo, no hay tiempo para todo, cuán corta es la vida. En realidad, aun en el improbable caso de que uno se lea la noticia, la conclusión final es clara: a ella apunta el titular, cuya función es precisamente la de resaltar el centro de la noticia: 'The Economist' nos apoya, y aunque pueda deslizar alguna pequeña reprobación para que no los tachen de acríticos, el entusiasmo es evidente. Al fin y al cabo, han dedicado un editorial entero a defender que España, y con ella su presi, tienen que estar.

Y ¡ay, queridos amigos!, en la versión digital de la noticia ni un mal enlace a este editorial que tan encarnizadamente nos defiende. Y eso de ponerse a buscar, y encima en inglés... En fin, que no. Y menos mal, porque podría uno llevarse un serio disgusto. Y aun varios:
There are in fact few things in life so wounding to self-esteem as to be excluded from a gathering where you think you rightly belong. In an attempt to avoid such a fate, José Luis Rodríguez Zapatero, Spain’s prime minister, has cast dignity aside and importuned all and sundry with a request to be invited to a conference on November 15th to discuss reforms to the international financial system.
[...] But if Spain is too easily overlooked, it is partly Mr Zapatero’s fault. He is one of Europe’s few successful politicians of the left. Underestimated by his opponents at home, he was re-elected to a second term earlier this year. But he has shown little interest in the world beyond Spain. In this parochialism he faithfully represents a country where decentralisation has brought benefits but narrowed political horizons. That does not reduce its potential cost.
El remate es sin duda lo más disgustoso entre tanto disgusto. Tanta difamación escuece, y aquí mejor prescindir de las negritas porque habría que aplicarlas por doquier:
In contrasting ways both of his predecessors, Felipe González and José María Aznar, carved out a role for Spain as an important actor in Europe and as a bridge to the Americas. History may judge that Mr Zapatero was right to oppose the war in Iraq. But under him and his foreign minister, Miguel Angel Moratinos, Spain’s foreign policy has resembled the pleadings of an NGO rather than the cool-headed pursuit of national interest by a country which wants to be treated as a world leader. In his first term, Mr Zapatero’s main initiative was a worthy but nebulous “Alliance of Civilisations”. In his second term he has set as a goal the worldwide abolition of the death penalty.

Mr Zapatero has proved himself a skilled political tactician. But he has shown no willingness to lead his Socialist Party out of its politically correct comfort zone. If Spain’s remarkable success is not now to be followed by stagnation and limited international relevance, he will have to do so.
Y de todo esto, lo que queda en casa es que hay por ahí entre los forasteros un semanario que proclama que España ha de estar. Como diría Forges (según me recordaba alguien hace poco), y nunca mejor dicho: País.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Obama hace prácticas con Zeta


Obama Undertakes Presidential Internship To Ease Concerns About His Lack Of Experience



Las civilizaciones del mundo (aliadas) no dejan de mostrarnos su admiración. Debe ser cosa de la fina diplomacia española.

viernes, 17 de octubre de 2008

Eficacia jurídica

(...) La decisión de Garzón supone, como él mismo recoge en su auto, "una forma de rehabilitación institucional ante el silencio desplegado hasta la fecha". Aquí radica el valor fundamental de la iniciativa para las víctimas del franquismo y sus familiares, más allá del recorrido que en los tribunales tenga el procedimiento iniciado por Garzón, amenazado por el recurso de la fiscalía. (...) El mérito de Garzón, de consecuencias previsiblemente más simbólicas que jurídicas, es el de afirmar que habría sentado en el banquillo a Franco y sus lugartenientes si hubieran estado vivos.
Los juzgados colapsados y El País contándonos que el cometido de la justicia es hacer teatro. Por cierto, que no acaba una de entender dónde estriba exactamente el mérito de afirmar tal cosa. Será por decir.


El Mundo, por su parte, no rehuye del todo el humor al resumir en portada el Acto I de la [tragi]comedia:

miércoles, 15 de octubre de 2008

El paso cambiado



Caben muchas interpretaciones. Lo que está claro, desde luego, es que la foto no tiene precio.

Vía El País.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Time management

"Durante el pasado año se han dictado 265 sentencias, 471 autos y 11.341 providencias y en el año 2008, hasta el 31 de julio, se han dictado 102 sentencias, 258 autos y 7.297 providencias", concluye el TC.

Jolín, que de lo único que no nos ha dado tiempo es de pensar en la tontería aquella del Estatuto catalán. Y encima la gente se queja.



martes, 16 de septiembre de 2008

La justicia de los vencidos

A día de hoy, si se entra en la versión digital de El País, se encuentra abajo y a la derecha un recuadro, con foto del juez estrella incluida, que remite a una serie de artículos dedicados a su recién hallada vocación de historiador y, por extensión, a la cuestión de las fosas comunes y de la mal llamada memoria histórica.




Por lo demás, me consta, y tal vez lo recuerde asimismo el lector, que en días pasados la llamada a ese mismo espacio aparecía en un lugar mucho más preeminente de la web del diario socialdemócrata por excelencia. [Socialdemócrata entre comillas, claro, como el partido al que defiende. Pero esa es otra cuestión.]

Lo llamativo es que un medio que mantiene una sección con ese encabezamiento no se haya dado por enterado de ciertas noticias:
Terminada la guerra (abril del 39), mi listado de víctimas arroja 982 nombres. Una de las dos últimas fue el coronel Luis Barceló. Habla para Crónica su nieto, Roberto Company Barceló: «Lo fusilaron los antifascistas traidores y derrotistas. A nuestra familia no nos queda ni el consuelo de que fuera ejecutado por Franco, como el resto de republicanos». Un abuelo más entre los olvidados.

Hay que ver. Con lo bien que le hubiera ido a este asunto el heroico titular: La justica de los vencidos.

Leído así, resulta casi macabro y la palabra justicia cobra unas connotaciones distintas. No deja de ser interesante el asunto, lingüísticamente hablando. De las diversas interpretaciones posibles de un sintagma nominal.

Supongo que estos muertos, sencillamente, no son de nadie. Que nos descuadran las cuentas.

domingo, 7 de septiembre de 2008

El referente europeo (IV): Del contubernio de Múnich a la Transición

El acontecimiento más importante protagonizado por los europeístas españoles es sin duda lo que la prensa del régimen denominaría el "Contubernio de Múnich". El IV Congreso del Movimiento Europeo, celebrado en junio de 1962, supuso para la oposición al régimen la oportunidad de unir en un mismo foro a exiliados y opositores del interior bajo la bandera europeísta. La invitación de Maurice Faure a la participación de miembros de la AECE y del Consejo Español del Movimiento Europeo daría la oportunidad de encontrarse a los dos focos de la oposición, al tiempo que les proporcionaba una ocasión para el contacto con autoridades europeas con vistas a la discusión del futuro de España en Europa. Junto con miembros de estas dos agrupaciones, participarían en el Congreso representantes de grupos católicos y monárquicos como Unión Monárquica, así como la Democracia Cristiana de Gil Robles o el Partido Social de Acción Democrática de Dionisio Ridruejo. Entre los exiliados se contaría a socialistas, republicanos y nacionalistas vascos y catalanes. En total fueron 118, con una correlación aproximada de dos miembros de la oposición interior por cada representante de la oposición en el exilio, los asistentes españoles que impulsaron la aprobación de una breve resolución que llegaría a tener una enorme importancia para la evolución política de España:
El Congreso del Movimiento Europeo, reunido en Múnich los días 7 y 8 de junio de 1962, considera que la integración de todo país en Europa, sea bajo la forma de adhesión, sea bajo la forma de asociación, exige en cada uno de ellos instituciones democráticas, lo que, en el caso de España y de acuerdo con la Convención Europea de los Derechos del Hombre y la Carta Social Europea, significa:

1. El establecimiento de instituciones auténticamente representativas y democráticas que garanticen que el gobierno se basa en el consentimiento de los ciudadanos.

2. La garantía efectiva de todos los derechos de la persona humana, especialmente los de libertad individual y de opinión, y la supresión de la censura gubernativa.

3. El reconocimiento de la personalidad de las diversas comunidades naturales.

4. El ejercicio de las libertades sindicales sobre bases democráticas y la defensa por los trabajadores de sus derechos fundamentales, entre otros medios, por la huelga.

5. La posiblidad de organizar corrientes de opinión y partidos políticos, así como el respeto a los derechos de la oposición.

El Congreso expresa la profunda esperanza de que la evolución consecutiva a la aplicación de los puntos anteriormente enunciados permitirá la incorporación de España a Europa, de la que es un elemento esencial. Y toma nota de la firme convicción expresada por todos los delegados españoles presentes en el Congerso, de que la inmensa mayoría del pueblo español desea que esta evolución se lleve a cabo según las reglas de la prudencia política, tan rápidamente como las circunstancias lo permitan, con sinceridad por parte de todos y con el compromiso de renunciar a toda violencia activa o pasiva, antes, durante y después del proceso evolutivo.
El texto resulta significativo por cuanto tiene de programático de la manera en que finalmente, trece años más tarde, acabaría desarrollándose el proceso de transición a la democracia. En efecto, aunque la Transición española tuvo lugar en un clima que en ocasiones fue de fuerte tensión, las principales fuerzas políticas mostraron como norma general la voluntad de alcanzar un consenso para el establecimiento de instituciones representativas a través de un procedimiento pacífico y consensuado, sin perjuicio de que este estuviera plagado de dificultades ni de que el acuerdo en torno a determinados puntos resultase especialmente difícil. Con todos los defectos que puedan achacársele, el cambio de régimen se produjo bajo el impulso de un acuerdo básico entre representantes de un amplio espectro ideológico –diversidad que, con la excepción del PCE, ya estaba presente en Múnich– y llevó finalmente al establecimiento de un régimen basado en unas instituciones representativas, el reconocimiento de las libertades y derechos fundamentales, individuales y colectivos, el establecimiento de un sistema de partidos y la creación del Estado de las Autonomías, que vino a dar forma –más o menos satisfactoria según las opiniones– a un reconocimiento de la pluralidad existente dentro del territorio español.

Otro asunto de enorme importancia que se discutió en esta reunión fue la disyuntiva entre Monarquía y República como regímenes idóneos para el establecimiento de la democracia en España. Frente a la defensa que hizo Satrústegui de la monarquía constitucional como medio para superar las divisiones inherentes a la Guerra Civil, los socialistas representados por Rodolfo Llopis se declararían incondicionalmente republicanos--en la teoría. En la práctica, aquella afirmación de principios era tan "incondicional" que accederían tácitamente a la posibilidad monárquica al asegurar que si la monarquía lograse el establecimiento de la democracia en España el Partido Socialista la apoyaría. Sobran los comentarios acerca de la importancia que llegaría a tener esto en un futuro.

En Múnich se alcanzó pues un consenso entre las diversas fuerzas de la oposición no sólo en cuanto a la postura que se mantenía ante el régimen y su situación en Europa, sino también en lo referente al futuro que se deseaba para España. Además, la represión que desencadenó el régimen contra los culpables de aquella "traición" provocó una fuerte reacción en Europa que vendría a perjudicar los intereses de política exterior del régimen y afectaría muy negativamente a una imagen ya de por sí bastante opaca. El trato dado a los participantes en el Congreso de Múnich por el gobierno franquista confirmaría definitivamente que su "vocación europea" no pasaba de ser una cuestión de interés económico, y que no existía voluntad alguna por parte de sus máximos dirigentes de poner en marcha desde el poder una evolución de las instituciones políticas encaminada a la apertura democrática.

Por otra parte, el crecimiento económico que el propio régimen había hecho posible –en conjunción con otra serie de circunstancias– al impulsar el Plan de Estabilización (1959) terminaría por volverse en su contra al provocar una paulatina modernización de la sociedad española en el transcurso de la década de los sesenta. De la mano del crecimiento económico vinieron la rápida urbanización, el crecimiento de la clase media, las primeras señales de emancipación de la mujer, el boom del turismo extranjero... Todos aquellos cambios sociales generarían unas condiciones que propiciaron la identificación de los españoles con el mundo que se situaba al otro lado de los Pirineos, cuya cultura empezaría a invadir el país hasta convertir el europeísmo en una nueva moda. En palabras de Crespo Maclennan:
A medida que el nivel socioeconómico español se homologaba con el de Europa, los españoles no sólo fueron expuestos a la forma de vida de Europa occidental, sino que comenzaban a admirar sus instituciones y cultura política. El resultado de este fenómeno es que muchos que habían apoyado al régimen por los logros económicos que había traído comenzaron a verlo como un obstáculo para el futuro del país.
Incluso dentro de las elites franquistas comenzarían a aparecer voces disidentes, en buena medida surgidas por un desacuerdo respecto a la política europea del régimen y su negativa a evolucionar en la dirección política requerida para participar de la construcción europea. Que un personaje como José María de Areilza, firme defensor del régimen y diplomático del mismo, terminase por convertirse en opositor monárquico resulta significativo. En efecto, Areilza había intentado desde su puesto de embajador en París impulsar una reforma política que hiciese posible el éxito español en Europa, pero los hechos que siguieron al Congreso de Múnich terminarían por hacerlo dimitir de su cargo en 1964, pasando a formar parte del consejo privado del conde de Barcelona.

Por otra parte, la Ley de Prensa impulsada por Fraga en 1966 permitió una vía de difusión para las ideas europeístas asociadas a la democracia. Desde los Cuadernos para el diálogo creados por iniciativa de Ruiz Giménez se propagaría una crítica sistemática al régimen y se insistiría en la imposibilidad de aspirar a una plena integración en Europa sin ser antes un país democrático. A esto vendrían a sumarse los efectos de agudización de la polémica que tuvo la firma del tratado preferencial con la CEE en 1970. Lo que el régimen quiso vender como un éxito diplomático supo a poco a prácticamente toda la oposición, que insistiría en la necesidad de una reforma democrática para hacer posible una plena participación en el proceso. Cuando en 1973, tras la ampliación a la Europa de los nueve, se hizo necesaria la renegociación del tratado, la creciente represión de estos años y las presiones que desde la oposición en el exilio se ejercían en contra de la negociación con la España de Franco dificultarían enormemente el proceso. En los últimos años del régimen, el fracaso ante Europa convertía la temática europea en pretexto habitual para la organización de actividades antifranquistas, vinculando así con una mayor fuerza aún el movimiento europeísta y el opositor.

Este tramo final de la vida del régimen vería el nacimiento de un nuevo grupo que habría de jugar un papel importante en la Transición, al tiempo que se producía un importante viraje entre la oposición comunista que facilitaría también el paso a un régimen democrático. El nuevo grupo opositor, en el que se daban cita de manera muy clara el europeísmo y la voluntad de propiciar un cambio democrático, era el grupo Tácito, fundado en 1973 por una serie de personajes relativamente jóvenes pertenecientes a la cúpula del régimen y simpatizantes por lo general con posturas democristianas. Su objetivo declarado era propiciar la reforma desde el interior como medio para garantizar el acceso a un régimen democrático y la posterior proyección europea de España. Para ellos, ambas cosas estaban intrínsecamente ligadas:
Para nosotros la tarea principal en la proyección exterior de nuestro país es la integración en la CEE. Estamos preocupados por las consecuencias de un aislamiento de los Nueve a medida que estos adquieren mayor cohesión. Todos sabemos que la Comunidad y varios ministros de exteriores se oponen al ingreso por razones políticas. ¿Qué medidas se van a tomar? ¿Hay realmente intención de homologar nuestras instituciones con las de la Comunidad?
La otra transformación importante de estos años afectó a la actitud del Partido Comunista, que no había sido invitado a participar en el Congreso de Múnich por no tratarse de un grupo de ideología europeísta (si bien envió dos observadores). El giro de Santiago Carrillo en pro de la línea eurocomunista y el alejamiento que esto conllevaba de la línea prosoviética se materializarían en el octavo congreso del partido en el exilio (París, 1972), en el que el partido decidió apoyar la integración de España en la CEE una vez que se hubiese establecido en el país una democracia. Así, aunque se cosiderase que la CEE era una estrategia de los capitalistas para proteger sus intereses, la conciencia de que la integración económica en Europa beneficiaría también a los trabajadores españoles se impuso, al tiempo que lo hacía también la importancia que había cobrado el europeísmo como herramienta de oposición al régimen y aglutinante entre quienes luchaban por la liquidación del mismo. Con la adopción por parte del PCE de un compromiso europeísta, se completaba el espectro de fuerzas políticas españolas que tendrían un papel activo en la Transición. En 1975, el disidente monárquico Calvo Serer pactaba con los comunistas la creación de una Junta Democrática.