Pero los informes técnicos que alertaban acerca de la situación provenían sobre todo de agentes como las cámaras agrícolas y de comercio o los notarios. En ningún momento se prestó atención a este tipo de estudios; del mismo modo, fue frecuente la negativa a permitir que hubiese técnicos que inspeccionasen las tierras para informar de la viabilidad económica de la reforma, y se insistió en que al frente de las colectividades se colocase a sindicalistas en lugar de a expertos.
No es tan inexplicable como puede parecer: al fin y al cabo, los informes los habían elaborado agentes al servicio de la reacción. Los técnicos eran los instrumentos de una oscura artimaña de la patronal. Por lo demás, los altos ideales morales de la reforma agraria no podían verse comprometidos por nimiedades de carácter técnico. Se iba a cambiar el rumbo de la Historia, y en semejante tesitura es difícil suponer que las comadronas de un nuevo mundo fuesen a detenerse ante las limitaciones que imponían la realidad y la lógica económicas. Entre otros resultados, acabarían repartiéndose lotes de tamaño ínfimo con la pretensión de que alimentasen a unidades familiares completas: en ocasiones, hablamos de 2,5 hectáreas. De dehesa, para más inri.
Sobre esta insensata actitud de desdén hacia el estudio científico y concreto de los problemas escribía en 1937 Clara Campoamor:
Los partidos españoles de extrema izquierda han hecho ostentación, a menudo, de un profundo desprecio por la técnica en todos los campos, al menos por la técnica "burguesa", la única que lógicamente podía existir en el país en el momento de la llegada de la República. Bastaba, en su opinión, con poseer la fe y el entusiasmo revolucionario para poder ocupar cualquier cargo en el gobierno.Efectivamente, también durante la Guerra Civil el bando republicano fue víctima de su propia fe en el pueblo y de su desprecio por los requisitos reales de un enfrentamiento bélico. Vicente Rojo explicaría así la derrota republicana:
Este desprecio no dejó de manifestarse en el momento de la lucha [en la Guerra Civil].
El gobierno esperaba vencer al movimiento militar gracias al fervor republicano y revolucionario de los trabajadores.
(...) hemos sido nosotros los que le hemos dado [al bando sublevado] la superioridad en todos los órdenes, económico, diplomático, industrial, orgánico, social, financiero, marítimo, aéreo, humano, material y técnico (...); y se la hemos dado porque no hemos sabido organizarnos, administrarnos y subordinarnos a un fin y a una autoridad.Setenta años después y memoria histórica mediante, seguimos sin aprender. Las advertencias acerca de los efectos que tendría ciertas medidas del gobierno eran, de nuevo, artimañas de la patronal. O de la oposición.
Era mentira que con los cheques-regalo para los jóvenes fueran a subir los precios de los alquileres.
Era mentira, también, que los 400 euros fueran un inútil derroche de dinero que detraía fondos para otras medidas más sensatas. O que una medida tan pretendidamente progresista e hiperprogresiva no fuera a beneficiar a los más pobres.
Era mentira que para que la Ley de Dependencia sirviera de algo hicieran falta medios suficientes para su adecuada implantación. Es de suponer, opina una servidora, que el recorte de los beneficiarios de esta medida en Andalucía (al margen de lo que indica la propia ley) se habrá debido a una falta de recursos y no a la maldad intrínseca de la Junta.
Nada de esto era verdad. Artimañas todo.