lunes, 14 de enero de 2008

Castaño oscuro

"Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta."

Alfredo Pérez Rubalcaba
13 de marzo de 2004

En consecuencia, como no se dan las condiciones establecidas, el presidente del Gobierno ha ordenado "suspender todas las iniciativas para desarrollar ese diálogo".

Comunicado de Moncloa
30 de diciembre de 2006

Además, [Zapatero] ha afirmado que le produce "gran tristeza" que el PP haya dado credibilidad a la información publicada por Gara en la que asegura que el PSOE mantuvo contactos con el entorno de Batasuna antes de llegar al Gobierno, y ha asegurado que es "radical y absolutamente falso" que el partido "autorizara, conociera o promoviera" relaciones "no ya con ETA, por supuesto, ni con Batasuna".

El País
20 de mayo de 2007

El Secretario de Organización del PSOE, José Blanco, ha anunciado que el proceso de paz está roto “porque así lo ha querido la banda terrorista ETA” y ha reiterado la posición de los socialistas “con violencia no hay diálogo y sin diálogo no hay proceso”. En su opinión “la voluntad de diálogo de ETA ha quedado enterrada bajo los escombros de Barajas”.

PSOE
2 de enero de 2007

"Los contactos continuaron con una situación ya muy deteriorada, muy deteriorada. Y fue debido al deseo de instancias internacionales. Al ver que tenían toda la buena voluntad de que pudiera verse la luz al final del túnel, de que aquello no fuera el fin... Pero la verdad es que había ya muy pocas posibilidades".

El Mundo. Entrevista a José Luis Rodríguez Zapatero
13 de enero de 2008

viernes, 11 de enero de 2008

Si hemos de caer, que sea a la salida del sol

Hoy le cedo la palabra a la voz de la sabiduría. Con ustedes, Don Alfonso Lazo:

Decálogo insumiso

El Mundo, Ed. Andalucía, 11 de enero de 2008 / Página 29

En tiempos de turbación no hacer mudanza, decía Ignacio de Loyola y gustaba de repetir José Rodríguez de la Borbolla. Pero cuando las aguas se estancan conviene removerlas para que no amenacen con pudrirlo todo. He aquí algunas sencillas reglas de vida que sin demasiadas pretensiones --consejos que los más viejos se permiten dar a los amigos más jóvenes a comienzos de un nuevo año-- pueden ayudar a la necesaria tarea de oxigenación:
Ama la insumisión. El insumiso respeta y reconoce la excelencia, sea en los de arriba o en los de abajo y, al mismo tiempo, se rebela contra la mediocridad venga ésta del poder o de la plebe.
No adores a falsos dioses. La democracia es el menos malo de los sistemas políticos conocidos, pero ni es Dios ni es infalible. El haber ganado unas elecciones no garantiza la bondad o la verdad. Después del escrutinio el derecho a la crítica y al cambio siguen vigentes. El partido sacro que nunca se equivoca es invención leninista.
No dudes en hacer público lo que piensas, aunque te encuentres en minoría. Nada tan patético como el papel irresoluto y tornadizo de Rosita la pastelera: hoy dices blanco; mañana, negro por pánico a que te tilden de derechas, y de esta manera únicamente consigues poner en evidencia tu cobardía.
A fuerza de repetidas las palabras pierden su sentido original. El franquismo llamaba "comunista" a toda la oposición clandestina, y ser comunista se convirtió en timbre de gloria. De modo que no te importe tampoco ser llamado reaccionario, porque hoy quienes lo hacen suelen estar al servicio del poder establecido: conservadores temerosos de perder prebendas y privilegios. También Stalin insultaba a Trotsky llamándole aristócrata.
Recupera aquello que usurpan los que se dan a sí mismos el título de izquierda: la Ilustración, el progreso, las libertades. Los amigos de Chávez, de Castro, de la teocracia iraní y de los nacionalismos prehistóricos ya no pueden reclamar una herencia semejante.
Concédete de vez en cuando el placer de
epatar a la progresía. Nada resulta tan regocijante como escandalizar la seriedad de los dogmáticos. Existe un amplio catálogo de blasfemias adecuadas: admirar a los Estados Unidos, defender el derecho a la vida del Estado de Israel, llamar intelectual al Papa Ratzinger o --escándalo de los escándalos para la política que dicen de género-- regalar pelotas a los niños y muñecas a las niñas. Incluso puedes permitirte la asistencia a esas enormes manifestaciones de masa que tanto irritan a los que estaban convencidos de que la calle era suya.
Tienes todo el derecho del mundo para pecar contra la fe en el "cambio climático provocado por el hombre". Dogma de la Iglesia Verde que el poder político utiliza a fin de aterrorizar a la sociedad. Gente aterrorizada es gente manipulada.
Combate la prepotencia perdiéndole el respeto. Cuanto más sabios son los hombres tanta menos importancia dan a las formas; mientras que los mediocres en el poder inventan protocolos y extreman la majestad. Los hombres de categoría son más frívolos, es decir, más tolerantes. A la muerte de Sacha Guitry se dijo: nos enseñó que la frivolidad puede ser una virtud.
Cuando tu insumisión te pese, recuerda el relato de Alfonso Daudet. El lobo se come a la cabra del señor Seguin, pero al alba, después de que la cabra luchara toda la noche. Si hemos de caer, que sea a la salida del sol.
Por último, no consultes los oráculos: las encuestas siempre se equivocan.
Y como en todo decálogo, también estos diez mandamientos se encierran en dos: ama la libertad sobre todas las cosas, y ten el valor de hacer frente a una rampante corrección política que seca los cerebros alienados y emotivos.

martes, 1 de enero de 2008

Las tres mejores entradas del año [pasado]

He tardado, más por pereza que por la memefobia que él sospechaba en mí, en recoger el guante que me lanzó Eduardo. Bien es cierto que resulta imposible elegir los mejores posts del año 2007, pero al menos señalaré tres que por un motivo u otro me han quedado en el recuerdo. Sin más dilación, y sin orden ni concierto (ni siquiera de año nuevo):

- Totalitarismo nazi, totalitarismo soviético, en El bolígrafo azul
- Pues vivimos, anunciemos algo nuevo, en Noches confusas en el siglo XXI
- La memoria histórica de mamá, en Corolario de colores

Se lo paso a quien lo quiera, ahí, al mogollón. Ya ven ustedes que con la resaca (moral, claro) del día uno no da una servidora para más.

[Mmmm. Después de haberlas elegido, me doy cuenta de que a pesar de ser totalmente distintas las tres entradas tienen mucho en común. Oh, cuán transparente y previsible soy. La edad no perdona.]

lunes, 31 de diciembre de 2007

A mí que no me salven

"La cultura del laicismo radical [es un] fraude [que] no respeta la Constitución [y] conduce a la desesperanza por el camino del aborto, el divorcio exprés y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes."

Agustín García-Gasco, Cardenal de Valencia

"El ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas reconocía: que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida. [Con] las leyes vigentes [se] relativiza radicalmente la idea del matrimonio [y] se fomentan desde las edades más tempranas prácticas y estilos de vida opuestos al valor del amor indisoluble."

Antonio María Rouco Varela, Cardenal Arzobispo de Madrid

"Puede haber menores que sí lo consientan [referiéndose a los abusos] y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan."

Bernardo Álvarez, Obispo de Tenerife

Que me lo aclaren: ¿quién fomenta qué? Menudos salvadores nos han tocado en suerte. Por lo que a mí respecta, que me dejen buscar mi propio camino a la perdición y se encarguen de salvar a los suyos, que buena falta les hace a algunos.
Comparto la perplejidad. Aunque supongo que tratándose de dogmas de fe, nada pinta la razón en todo ello. Ni la libertad de elección (salvo la de los monaguillos de trece años, según parece).

lunes, 24 de diciembre de 2007

Conocimiento de causa

Comenta Javier Marías una estadística que revela que los habitantes de este país son los que menos se interesan por la política en Europa, pero, al mismo tiempo, los más dados a salir a la calle a manifestarse… por cuestiones en teoría políticas. Curiosa paradoja, o tal vez no sea ni tan curioso ni tan paradójico, al menos teniendo en cuenta que las manifestaciones españolas suelen ser movilizaciones orquestradas por los principales partidos o grupos de interés afines a los mismos, más que protestas coherentes y sensatas organizadas por una sociedad civil activa y fuerte, cosa que bien sabemos que no tenemos. La otra modalidad de manifestación es la manifa antisistema, a menudo tan divertida, si se mira con cierto distanciamiento, con ese batiburrillo de lemas, consignas, eslóganes y simbología que tiende a presentar. También en ésta es decisiva la acción de partidos y sindicatos, aunque a menudo sean minoritarios o sencillamente absurdos, como esa ridícula incongruencia que es, desde su mismo nombre, el Sindicato de Estudiantes.
El caso es que, con alguna honrosa excepción, desinformación y movilización suelen ir de la mano, más que nada porque lo que en este país llamamos movilizarse suele ser más bien traducible por ser movilizado, o utilizado o instrumentalizado, en beneficio de unos u otros. Sin ánimo de generalizar (las excepciones no son pocas, pero las cosas como son: tampoco son lo más habitual), no es infrecuente que la gente que más prensa lee y más informada se mantiene sea la más escéptica ante cualquier convocatoria de manifestación, mientras que la gente que sólo coge un periódico para resolver los sudokus y reírse con las viñetas es a menudo la primera en acudir a la mani de esta tarde (de los suyos, que serán unos u otros según la persona) a corear eslóganes facilones y superficiales. Cierto es que los eslóganes son simples y simplificadores por naturaleza, y que resulta difícilmente evitable que lo que se corea en una manifestación no lo sea, por las características mismas del acto; lo que pasa es que no es lo mismo corear un eslogan a sabiendas de que es facilón y con el respaldo de una convicción íntima basada en un amplio conjunto de lecturas, informaciones y reflexiones previas, que gritar sin más eslóganes que suenan bonitos y le dan caña al enemigo (hablamos de "culturas políticas" más propensas a identificar enemigos que simples adversarios, desgraciadamente, y así nos va).
Y así, tenemos lo que nos merecemos. Manifestaciones con cuyo lema uno estaría en principio de acuerdo, pero a las que se resiste a ir porque no quiere ser un instrumento para nadie o porque estar ahí es ser identificado con una parafernalia en la que no se reconoce en absoluto, ya sean banderas con el aguilucho o la enseña de la II República, vociferaciones contra la homosexualidad o camisetas del Che, o esos coros que demuestran la falta de cultura democrática de unos y de otros. O esas peregrinas convocatorias antitodo que mezclan sin complejo alguno churras con merinas, y en las que los gritos contra el cambio climático aparecen asociados a eso que llaman antifascismo, éste a la oposición a los acuerdos de Bolonia y todo salpimentado con los clásicos: OTAN no, bases fuera (eso sí que es actualidad), un genérico no a la guerra --que por lo visto no se aplica a la guerrilla, será que ese diminutivo lo cambia todo-- o los gritos a favor de la legalización del cannabis.
Pero en fin. Que la gente se desahogue, que eso es sano. Se descarga adrenalina, se suda, se ventea un poco la ira y después siempre caen unas cervecitas para celebrar el éxito de convocatoria y nos vamos a casa con la conciencia limpia. Y al día siguiente sí que toca, contra la costumbre habitual, mirar los periódicos. A ver si hemos salido en alguna foto, y quedamos para la posteridad en las hemerotecas.

Aquí cabe añadir una reflexión más amplia: en España nos ha gustado esto de la democracia (al menos para los nuestros) porque nos permite todas estas cosas, y nunca se nos caen de la boca nuestros inalienables derechos ciudadanos. Pero parece habérsenos olvidado que todo derecho conlleva un deber, y que lo que lo convierte a uno en un ciudadano activo no es el salir con frecuencia a tapar la calle, sino el saber en primer lugar por qué tapan la calle unos u otros, y qué ha ocurrido antes en los despachos para que eso sea así. Y luego se decide, y uno se suma o no a las convocatorias, y sale o no sale de su casa, o incluso convoca por sí mismo (impensable, ¿eh?) en unión con otra serie de ciudadanos responsables y comprometidos con quien comparta inquietudes o reivindicaciones. Con eso que llaman, y nunca mejor dicho, conocimiento de causa.

Por cierto, y ya que estamos en estas fechas, Feliz Navidad a todos. Les dejo una viñeta festiva a juego con esta entrada.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Democracia virtual

Regreso al fin. Y lo hago cumpliendo con el deber patrio de confirmarles a ustedes lo que todos sospechábamos: el avance de las nuevas tecnologías es ya imparable (sí, como Andalucía, donde hemos perdido la cuenta ya de por qué modernización vamos). En efecto, rudimentarias se antojan ya las antaño novedosas tácticas de convocatorias multitudinarias vía SMS, e incluso los entrañables vídeos de los sectores juveniles (tan dinámicos, ya se sabe) de algunos partidos desprenden olor a naftalina ante lo que se nos viene encima. Los ilusos que quisimos mantener contra viento y marea la esperanza de que todo fuese una moda pasajera no podemos ya sino rendirnos a la evidencia: la innovación se ha puesto definitivamente al servicio de la política. Debería ser al revés, pensarán ustedes. Ya. Como tantas cosas.
No hace mucho que algunos asistíamos atónitos a la ofensiva multimedia de los socialistas, que durante unas semanas parecieron dispuestos a practicar un bombardeo de saturación a base de vídeos, a cual más repleto de brillantes ideas y de profundas reflexionez. No quedó ahí la cosa --que seguramente tampoco había empezado ahí--, y a día de hoy las plataformas tecnológicas de los candidatos han ido cobrando cuerpo. El PP, ni corto ni perezoso, no ha querido quedarse atrás. Incluso Llamazares se nos aparece en algún que otro rincón de la red, aunque --eso sí-- siempre de forma algo más original. Siempre más cercano a la calle, diríase.
Dios --o cualquier otro alto poder, en su defecto-- me libre de oponerme a los avances y andar preconizando las virtudes del atraso y el terruño, que para eso ya están otros. Pero a nadie se le oculta que la tecnología, como todo, puede utilizarse en defensa de cualquier idea. Desde la más valiosa hasta la más deleznable. Por poder, puede incluso utilizarse en defensa de la nada. Que Internet esté hoy al alcance de cualquiera es, en potencia, un arma al servicio de la sociedad civil. Pero sucede que existe una condición sine qua non para el desarrollo pleno --o incluso parcial-- de ese potencial. Exacto, lo adivinaron: la existencia de tal sociedad civil.
No es el caso, evidentemente, de modo que tanto progreso cibernético ha terminado inevitablemente por convertirse en arma predilecta de los partidos. Al fin y al cabo, llega a todo el mundo y --lo que es más-- presenta una ventaja nada despreciable: la capacidad de provocar la --democratiquísima-- ilusión de que existe una interacción entre la persona de a pie y el partido o candidato, al tiempo que mantiene y promueve la más absoluta pasividad por parte del ciudadano. Lo tiene todo, pues. Y visto lo visto, la tecnología va a estar supeditada al mismo fin al que lo está ya desde hace tiempo la enseñanza: la propagación sistemática de la estupidez y la vacuidad. Ningún otro nombre cabe dar a la estulticia y puerilidad que nos trasmiten los candidatos desde sus páginas oficiales.
Lo de Llamazares, al fin y al cabo, es residual, y dada su nula relevancia en el panorama político puede permitirse --él y nosotros-- mayor cantidad --y calidad-- de papanatadas que el resto, sin que a los ciudadanos vaya a afectarnos demasiado. Además, está haciendo amigos, que falta que le hace: ya lleva 938, dice MySpace.
Más preocupantes resultan las páginas de Rajoy y Zapatero. Desde el PP se ve que no han sabido --o no han querido, o no se les ha ocurrido siquiera-- optimizar la página para exploradores distintos de Internet Explorer. Ay, Marianico, Marianico, que llegas con retraso y aún se te nota: incluso ese diseño pretendidamente moderno pero excesivamente recargado te delata. Para compensar, el candidato nos otorga el privilegio de entrar en su despacho y comprobar con sorpresa que nuestro hombre en Génova es fan de los Beatles, The Police y --atención-- Nacha Pop, que le gustan Garci y Amenábar y que entre otras cosas lee, o quiere que creamos que lee, La Democracia en América. Esto último podría salvarlo, si no fuera porque todo en la página lo desmiente. No en vano, el candidato del Partido Popular nos cuenta que él es mucho más campechano de lo que la gente se cree. Igualitarismo a la baja, al fin y al cabo.
Tampoco tiene precio José Luis, cuyo afán por acercarse al votante lo lleva a grados equiparables de ridículo. En una sección titulada Sus gestos, el Presi viene a contarnos lo mucho que quiere a sus fans y cuánto le emocionan los aplausos (el calor de la gente, lo llama él), vuelve a asegurarnos contra toda evidencia que todo se puede decir con una sonrisa y hasta nos obsequia con una foto de sus pies (?). Estos, los de la mirada positiva, sí han creado una página que se puede visualizar con exploradores alternativos (por lo menos con Firefox). Los errores aquí son de otro tipo, y estriban fundamentalmente en la imprudencia de volver a contarnos cosas que ya en su día provocaron reacciones de justa indignación o incredulidad. Sí, ya se sabe: que hablen de ti, aunque sea bien. Pero qué desazón provoca que la política se haya convertido en eso, y que un presidente con la trayectoria de Zapatero pueda seguir permitiéndose el fallo garrafal de acompañar su imagen de un pie de foto en el que nos despeja las dudas: No me canso de negociar, dice. Lo más grave es que resulta difícilmente creíble que pueda deberse a un error de cálculo. En efecto, lo verdaderamente descorazonador es pensar que detrás de esa foto está la convicción de que a semejante filosofía puede sacársele rédito. Electoral.
Alta política. Bienvenidos a España.

domingo, 18 de noviembre de 2007

De política, ensoñaciones y elegancia

El libro es de 1970. A quien analiza Revel en estos párrafos es a la izquierda francesa. La traducción es mía (y por tanto mala) y apresurada (y por tanto peor). Pese a todo ello, cuarenta años después y unos paralelos más al sur, lo que dice sigue dando bastante que pensar.
Resulta sorprendente que la mayoría de los comentaristas de izquierdas no parezcan hacer distinción entre las soluciones que tienen alguna posibilidad de materializarse y aquellas que no tienen ninguna [...] Todo ciudadano [es] sin duda libre de lamentarse de que las posibilidades politicas se [limiten a una determinada] elección [entre dos opciones], pero no de imaginar que pueda haber otra en ese preciso instante [...] En cuanto a la abstención, no puede de ninguna manera pasar por neutralidad, porque en materia electoral es patente que la abstención no es nunca neutra y que beneficia siempre a un candidato u otro [...] La política consiste en reaccionar ante una situación real y no en establecer paralelismos, en plano de igualdad, entre las soluciones realizables y los deseos irrealizables. Si nos dan a elegir entre pasta y patatas, puntualizando que no hay nada más en la carta, no es cuestión de decir que preferimos el caviar. La disyuntiva planteada es entre pasta y patatas, y no otra. Se puede soñar con coyunturas en las que los alimentos ofrecidos fueran más agradables, pero ese sueño no equivale a una acción que se corresponda con la realidad dada. Actuar es decidirse en función de la realidad y no en función de posibilidades que se hallan fuera de la misma. Sin duda esta realidad es a veces mediocre, pero en el momento dado es precisamente a esta mediocridad a la que hay que saber hacer frente. Uno puede proponerse propiciar para el futuro una alternativa distinta, es decir, esforzarse en transformar la alternativa que uno preferiría en una posibilidad concreta de elección. Pero lo que puede valer como proyecto de acción para el futuro no exime de una elección efectiva ante la realidad presente. Si uno se sitúa en ese sistema de apreciación, en el que existen dos hipótesis que pueden --ambas-- ser verificadas, y si deja de una vez de compararlas con otras hipótesis que no tienen de manera inmediata esa posibilidad, se ve constreñido a evaluar las ventajas e inconvenientes respectivos de las diversas soluciones concretas en el contexto de los hechos. Porque en política no es decisión alguna el decidirse en función o en favor de aquello que no presenta ninguna posibilidad de suceder. En otras palabras: una solución política realizable ofrece siempre inconvenientes. Si se la descarta bajo este pretexto, no nos quedaremos nunca con solución alguna.
Cuando se examinan los diversos móviles que dictan las preferencias de la izquierda francesa, se percibe que muchos en su seno se deciden menos en función de lo que puede hacerse que en función de lo que resulta de buen tono pensar. Dicho de otra forma: la izquierda no se decide en términos de poder, sino más bien en términos de elegancia programática. La cualidad esencial de un objetivo no es para ella el de ser accesible, sino el de ser digno de estima y el de ser tal que aquel que desea alcanzar dicho objetivo merezca ser estimado. Quien hubiese propuesto la abolición de la esclavitud en el año 200 antes de Cristo habría sido sin duda alguien digno de estima, pero no habría sido un político. Ciertamente, hacía falta gente que condenase en el plano moral la esclavitud, aunque no tuviese en aquel momento ninguna posibilidad de ser abolida, para que pudiese llegar a serlo algún día en un futuro lejano. Pero si esa misma gente, en una consulta electoral o en cualquier otra coyuntura política decisiva, se hubiera negado a elegir entre un déspota o un demócrata pretextando que tanto el uno como el otro serían representantes de una sociedad esclavista, seguramente habrían contribuido más a retrasar que a acercar la eventual liberación final de los esclavos. La política no puede ser el arte del futuro si no sabe ser antes el del presente.
Siguen despertando desdén y recelos entre los bienpensantes el pragmatismo y la conciencia de los límites que impone la realidad. No pocos consideran que son patrimonio exclusivo de la gente de derechas. Creo --no soy la única-- que cabría reivindicar todo lo contrario: si un método no maximalista es más susceptible de obtener resultados, aunque sean parciales, que la aspiración a volver el mundo cabeza abajo de un día para otro (que ya sabemos en la mayoría de los casos dónde suele quedar), ¿cuál de las dos actitudes es realmente más progresista? Decía alguien en la radio el otro día que la política no consiste en tener excelentes ideas, sino en hacer que las buenas ideas den resultados aceptables.
Quizá a esto se refería Zapatero cuando dijo que el poder no le cambiaría. Creo que lo dijo en serio, y mucho me temo que no mintió. El poder puede corromper y pudrir hasta los huesos, pero también tiene --o debería tener-- otro efecto: el de sentar al soñador frente al mundo real, cara a cara, y obligarle a aceptar los límites --de la realidad-- y las limitaciones --propias-- a la hora de cambiarla. Creo que a nuestro presidente el poder no lo ha corrompido, pero me temo que tampoco le ha enseñado nada. Sigue instalado en la pureza. Creyendo que todo se puede decir con una sonrisa, y que basta con tener como objetivo la Arcadia feliz para encaminar al país hacia la misma.
No es sólo que las buenas intenciones estén sobrevaloradas. Es que además a los resultados tranquilos y a los avances paulatinos les ocurre lo contrario. Aun así, prefiero quedarme --en palabras prestadas-- con la modestia de la esperanza frente a la grandilocuencia de la utopía.