lunes, 31 de diciembre de 2007

A mí que no me salven

"La cultura del laicismo radical [es un] fraude [que] no respeta la Constitución [y] conduce a la desesperanza por el camino del aborto, el divorcio exprés y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes."

Agustín García-Gasco, Cardenal de Valencia

"El ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas reconocía: que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida. [Con] las leyes vigentes [se] relativiza radicalmente la idea del matrimonio [y] se fomentan desde las edades más tempranas prácticas y estilos de vida opuestos al valor del amor indisoluble."

Antonio María Rouco Varela, Cardenal Arzobispo de Madrid

"Puede haber menores que sí lo consientan [referiéndose a los abusos] y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan."

Bernardo Álvarez, Obispo de Tenerife

Que me lo aclaren: ¿quién fomenta qué? Menudos salvadores nos han tocado en suerte. Por lo que a mí respecta, que me dejen buscar mi propio camino a la perdición y se encarguen de salvar a los suyos, que buena falta les hace a algunos.
Comparto la perplejidad. Aunque supongo que tratándose de dogmas de fe, nada pinta la razón en todo ello. Ni la libertad de elección (salvo la de los monaguillos de trece años, según parece).

lunes, 24 de diciembre de 2007

Conocimiento de causa

Comenta Javier Marías una estadística que revela que los habitantes de este país son los que menos se interesan por la política en Europa, pero, al mismo tiempo, los más dados a salir a la calle a manifestarse… por cuestiones en teoría políticas. Curiosa paradoja, o tal vez no sea ni tan curioso ni tan paradójico, al menos teniendo en cuenta que las manifestaciones españolas suelen ser movilizaciones orquestradas por los principales partidos o grupos de interés afines a los mismos, más que protestas coherentes y sensatas organizadas por una sociedad civil activa y fuerte, cosa que bien sabemos que no tenemos. La otra modalidad de manifestación es la manifa antisistema, a menudo tan divertida, si se mira con cierto distanciamiento, con ese batiburrillo de lemas, consignas, eslóganes y simbología que tiende a presentar. También en ésta es decisiva la acción de partidos y sindicatos, aunque a menudo sean minoritarios o sencillamente absurdos, como esa ridícula incongruencia que es, desde su mismo nombre, el Sindicato de Estudiantes.
El caso es que, con alguna honrosa excepción, desinformación y movilización suelen ir de la mano, más que nada porque lo que en este país llamamos movilizarse suele ser más bien traducible por ser movilizado, o utilizado o instrumentalizado, en beneficio de unos u otros. Sin ánimo de generalizar (las excepciones no son pocas, pero las cosas como son: tampoco son lo más habitual), no es infrecuente que la gente que más prensa lee y más informada se mantiene sea la más escéptica ante cualquier convocatoria de manifestación, mientras que la gente que sólo coge un periódico para resolver los sudokus y reírse con las viñetas es a menudo la primera en acudir a la mani de esta tarde (de los suyos, que serán unos u otros según la persona) a corear eslóganes facilones y superficiales. Cierto es que los eslóganes son simples y simplificadores por naturaleza, y que resulta difícilmente evitable que lo que se corea en una manifestación no lo sea, por las características mismas del acto; lo que pasa es que no es lo mismo corear un eslogan a sabiendas de que es facilón y con el respaldo de una convicción íntima basada en un amplio conjunto de lecturas, informaciones y reflexiones previas, que gritar sin más eslóganes que suenan bonitos y le dan caña al enemigo (hablamos de "culturas políticas" más propensas a identificar enemigos que simples adversarios, desgraciadamente, y así nos va).
Y así, tenemos lo que nos merecemos. Manifestaciones con cuyo lema uno estaría en principio de acuerdo, pero a las que se resiste a ir porque no quiere ser un instrumento para nadie o porque estar ahí es ser identificado con una parafernalia en la que no se reconoce en absoluto, ya sean banderas con el aguilucho o la enseña de la II República, vociferaciones contra la homosexualidad o camisetas del Che, o esos coros que demuestran la falta de cultura democrática de unos y de otros. O esas peregrinas convocatorias antitodo que mezclan sin complejo alguno churras con merinas, y en las que los gritos contra el cambio climático aparecen asociados a eso que llaman antifascismo, éste a la oposición a los acuerdos de Bolonia y todo salpimentado con los clásicos: OTAN no, bases fuera (eso sí que es actualidad), un genérico no a la guerra --que por lo visto no se aplica a la guerrilla, será que ese diminutivo lo cambia todo-- o los gritos a favor de la legalización del cannabis.
Pero en fin. Que la gente se desahogue, que eso es sano. Se descarga adrenalina, se suda, se ventea un poco la ira y después siempre caen unas cervecitas para celebrar el éxito de convocatoria y nos vamos a casa con la conciencia limpia. Y al día siguiente sí que toca, contra la costumbre habitual, mirar los periódicos. A ver si hemos salido en alguna foto, y quedamos para la posteridad en las hemerotecas.

Aquí cabe añadir una reflexión más amplia: en España nos ha gustado esto de la democracia (al menos para los nuestros) porque nos permite todas estas cosas, y nunca se nos caen de la boca nuestros inalienables derechos ciudadanos. Pero parece habérsenos olvidado que todo derecho conlleva un deber, y que lo que lo convierte a uno en un ciudadano activo no es el salir con frecuencia a tapar la calle, sino el saber en primer lugar por qué tapan la calle unos u otros, y qué ha ocurrido antes en los despachos para que eso sea así. Y luego se decide, y uno se suma o no a las convocatorias, y sale o no sale de su casa, o incluso convoca por sí mismo (impensable, ¿eh?) en unión con otra serie de ciudadanos responsables y comprometidos con quien comparta inquietudes o reivindicaciones. Con eso que llaman, y nunca mejor dicho, conocimiento de causa.

Por cierto, y ya que estamos en estas fechas, Feliz Navidad a todos. Les dejo una viñeta festiva a juego con esta entrada.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Democracia virtual

Regreso al fin. Y lo hago cumpliendo con el deber patrio de confirmarles a ustedes lo que todos sospechábamos: el avance de las nuevas tecnologías es ya imparable (sí, como Andalucía, donde hemos perdido la cuenta ya de por qué modernización vamos). En efecto, rudimentarias se antojan ya las antaño novedosas tácticas de convocatorias multitudinarias vía SMS, e incluso los entrañables vídeos de los sectores juveniles (tan dinámicos, ya se sabe) de algunos partidos desprenden olor a naftalina ante lo que se nos viene encima. Los ilusos que quisimos mantener contra viento y marea la esperanza de que todo fuese una moda pasajera no podemos ya sino rendirnos a la evidencia: la innovación se ha puesto definitivamente al servicio de la política. Debería ser al revés, pensarán ustedes. Ya. Como tantas cosas.
No hace mucho que algunos asistíamos atónitos a la ofensiva multimedia de los socialistas, que durante unas semanas parecieron dispuestos a practicar un bombardeo de saturación a base de vídeos, a cual más repleto de brillantes ideas y de profundas reflexionez. No quedó ahí la cosa --que seguramente tampoco había empezado ahí--, y a día de hoy las plataformas tecnológicas de los candidatos han ido cobrando cuerpo. El PP, ni corto ni perezoso, no ha querido quedarse atrás. Incluso Llamazares se nos aparece en algún que otro rincón de la red, aunque --eso sí-- siempre de forma algo más original. Siempre más cercano a la calle, diríase.
Dios --o cualquier otro alto poder, en su defecto-- me libre de oponerme a los avances y andar preconizando las virtudes del atraso y el terruño, que para eso ya están otros. Pero a nadie se le oculta que la tecnología, como todo, puede utilizarse en defensa de cualquier idea. Desde la más valiosa hasta la más deleznable. Por poder, puede incluso utilizarse en defensa de la nada. Que Internet esté hoy al alcance de cualquiera es, en potencia, un arma al servicio de la sociedad civil. Pero sucede que existe una condición sine qua non para el desarrollo pleno --o incluso parcial-- de ese potencial. Exacto, lo adivinaron: la existencia de tal sociedad civil.
No es el caso, evidentemente, de modo que tanto progreso cibernético ha terminado inevitablemente por convertirse en arma predilecta de los partidos. Al fin y al cabo, llega a todo el mundo y --lo que es más-- presenta una ventaja nada despreciable: la capacidad de provocar la --democratiquísima-- ilusión de que existe una interacción entre la persona de a pie y el partido o candidato, al tiempo que mantiene y promueve la más absoluta pasividad por parte del ciudadano. Lo tiene todo, pues. Y visto lo visto, la tecnología va a estar supeditada al mismo fin al que lo está ya desde hace tiempo la enseñanza: la propagación sistemática de la estupidez y la vacuidad. Ningún otro nombre cabe dar a la estulticia y puerilidad que nos trasmiten los candidatos desde sus páginas oficiales.
Lo de Llamazares, al fin y al cabo, es residual, y dada su nula relevancia en el panorama político puede permitirse --él y nosotros-- mayor cantidad --y calidad-- de papanatadas que el resto, sin que a los ciudadanos vaya a afectarnos demasiado. Además, está haciendo amigos, que falta que le hace: ya lleva 938, dice MySpace.
Más preocupantes resultan las páginas de Rajoy y Zapatero. Desde el PP se ve que no han sabido --o no han querido, o no se les ha ocurrido siquiera-- optimizar la página para exploradores distintos de Internet Explorer. Ay, Marianico, Marianico, que llegas con retraso y aún se te nota: incluso ese diseño pretendidamente moderno pero excesivamente recargado te delata. Para compensar, el candidato nos otorga el privilegio de entrar en su despacho y comprobar con sorpresa que nuestro hombre en Génova es fan de los Beatles, The Police y --atención-- Nacha Pop, que le gustan Garci y Amenábar y que entre otras cosas lee, o quiere que creamos que lee, La Democracia en América. Esto último podría salvarlo, si no fuera porque todo en la página lo desmiente. No en vano, el candidato del Partido Popular nos cuenta que él es mucho más campechano de lo que la gente se cree. Igualitarismo a la baja, al fin y al cabo.
Tampoco tiene precio José Luis, cuyo afán por acercarse al votante lo lleva a grados equiparables de ridículo. En una sección titulada Sus gestos, el Presi viene a contarnos lo mucho que quiere a sus fans y cuánto le emocionan los aplausos (el calor de la gente, lo llama él), vuelve a asegurarnos contra toda evidencia que todo se puede decir con una sonrisa y hasta nos obsequia con una foto de sus pies (?). Estos, los de la mirada positiva, sí han creado una página que se puede visualizar con exploradores alternativos (por lo menos con Firefox). Los errores aquí son de otro tipo, y estriban fundamentalmente en la imprudencia de volver a contarnos cosas que ya en su día provocaron reacciones de justa indignación o incredulidad. Sí, ya se sabe: que hablen de ti, aunque sea bien. Pero qué desazón provoca que la política se haya convertido en eso, y que un presidente con la trayectoria de Zapatero pueda seguir permitiéndose el fallo garrafal de acompañar su imagen de un pie de foto en el que nos despeja las dudas: No me canso de negociar, dice. Lo más grave es que resulta difícilmente creíble que pueda deberse a un error de cálculo. En efecto, lo verdaderamente descorazonador es pensar que detrás de esa foto está la convicción de que a semejante filosofía puede sacársele rédito. Electoral.
Alta política. Bienvenidos a España.

domingo, 18 de noviembre de 2007

De política, ensoñaciones y elegancia

El libro es de 1970. A quien analiza Revel en estos párrafos es a la izquierda francesa. La traducción es mía (y por tanto mala) y apresurada (y por tanto peor). Pese a todo ello, cuarenta años después y unos paralelos más al sur, lo que dice sigue dando bastante que pensar.
Resulta sorprendente que la mayoría de los comentaristas de izquierdas no parezcan hacer distinción entre las soluciones que tienen alguna posibilidad de materializarse y aquellas que no tienen ninguna [...] Todo ciudadano [es] sin duda libre de lamentarse de que las posibilidades politicas se [limiten a una determinada] elección [entre dos opciones], pero no de imaginar que pueda haber otra en ese preciso instante [...] En cuanto a la abstención, no puede de ninguna manera pasar por neutralidad, porque en materia electoral es patente que la abstención no es nunca neutra y que beneficia siempre a un candidato u otro [...] La política consiste en reaccionar ante una situación real y no en establecer paralelismos, en plano de igualdad, entre las soluciones realizables y los deseos irrealizables. Si nos dan a elegir entre pasta y patatas, puntualizando que no hay nada más en la carta, no es cuestión de decir que preferimos el caviar. La disyuntiva planteada es entre pasta y patatas, y no otra. Se puede soñar con coyunturas en las que los alimentos ofrecidos fueran más agradables, pero ese sueño no equivale a una acción que se corresponda con la realidad dada. Actuar es decidirse en función de la realidad y no en función de posibilidades que se hallan fuera de la misma. Sin duda esta realidad es a veces mediocre, pero en el momento dado es precisamente a esta mediocridad a la que hay que saber hacer frente. Uno puede proponerse propiciar para el futuro una alternativa distinta, es decir, esforzarse en transformar la alternativa que uno preferiría en una posibilidad concreta de elección. Pero lo que puede valer como proyecto de acción para el futuro no exime de una elección efectiva ante la realidad presente. Si uno se sitúa en ese sistema de apreciación, en el que existen dos hipótesis que pueden --ambas-- ser verificadas, y si deja de una vez de compararlas con otras hipótesis que no tienen de manera inmediata esa posibilidad, se ve constreñido a evaluar las ventajas e inconvenientes respectivos de las diversas soluciones concretas en el contexto de los hechos. Porque en política no es decisión alguna el decidirse en función o en favor de aquello que no presenta ninguna posibilidad de suceder. En otras palabras: una solución política realizable ofrece siempre inconvenientes. Si se la descarta bajo este pretexto, no nos quedaremos nunca con solución alguna.
Cuando se examinan los diversos móviles que dictan las preferencias de la izquierda francesa, se percibe que muchos en su seno se deciden menos en función de lo que puede hacerse que en función de lo que resulta de buen tono pensar. Dicho de otra forma: la izquierda no se decide en términos de poder, sino más bien en términos de elegancia programática. La cualidad esencial de un objetivo no es para ella el de ser accesible, sino el de ser digno de estima y el de ser tal que aquel que desea alcanzar dicho objetivo merezca ser estimado. Quien hubiese propuesto la abolición de la esclavitud en el año 200 antes de Cristo habría sido sin duda alguien digno de estima, pero no habría sido un político. Ciertamente, hacía falta gente que condenase en el plano moral la esclavitud, aunque no tuviese en aquel momento ninguna posibilidad de ser abolida, para que pudiese llegar a serlo algún día en un futuro lejano. Pero si esa misma gente, en una consulta electoral o en cualquier otra coyuntura política decisiva, se hubiera negado a elegir entre un déspota o un demócrata pretextando que tanto el uno como el otro serían representantes de una sociedad esclavista, seguramente habrían contribuido más a retrasar que a acercar la eventual liberación final de los esclavos. La política no puede ser el arte del futuro si no sabe ser antes el del presente.
Siguen despertando desdén y recelos entre los bienpensantes el pragmatismo y la conciencia de los límites que impone la realidad. No pocos consideran que son patrimonio exclusivo de la gente de derechas. Creo --no soy la única-- que cabría reivindicar todo lo contrario: si un método no maximalista es más susceptible de obtener resultados, aunque sean parciales, que la aspiración a volver el mundo cabeza abajo de un día para otro (que ya sabemos en la mayoría de los casos dónde suele quedar), ¿cuál de las dos actitudes es realmente más progresista? Decía alguien en la radio el otro día que la política no consiste en tener excelentes ideas, sino en hacer que las buenas ideas den resultados aceptables.
Quizá a esto se refería Zapatero cuando dijo que el poder no le cambiaría. Creo que lo dijo en serio, y mucho me temo que no mintió. El poder puede corromper y pudrir hasta los huesos, pero también tiene --o debería tener-- otro efecto: el de sentar al soñador frente al mundo real, cara a cara, y obligarle a aceptar los límites --de la realidad-- y las limitaciones --propias-- a la hora de cambiarla. Creo que a nuestro presidente el poder no lo ha corrompido, pero me temo que tampoco le ha enseñado nada. Sigue instalado en la pureza. Creyendo que todo se puede decir con una sonrisa, y que basta con tener como objetivo la Arcadia feliz para encaminar al país hacia la misma.
No es sólo que las buenas intenciones estén sobrevaloradas. Es que además a los resultados tranquilos y a los avances paulatinos les ocurre lo contrario. Aun así, prefiero quedarme --en palabras prestadas-- con la modestia de la esperanza frente a la grandilocuencia de la utopía.

jueves, 15 de noviembre de 2007

El fascista de Aznar

Las dificultades de definición del fascismo derivan, entre otras cosas, de su propia falta de coherencia interna: el fascismo no es una ideología monolítica y comprehensiva a la manera del marxismo, ni ofrece como hace éste una interpretación completa y concordante (más con sus propios postulados que con la realidad histórica en el caso de Marx, pero ésa es otra cuestión) del mundo, de la Historia y del progreso. Tampoco tiene un programa del todo definido, o al menos resulta difícil extraer los rasgos comunes de los diversos fenómenos que han sido calificados de fascistas; aquí, por cierto, cabe un criterio restrictivo o uno más lato, pero desde luego lo que no cabe es andar calificando de fascista a toda la derecha habida y por haber. Por otra parte, estamos ante ideologías cuyo principio fundamental es la negación: el fascismo es ante todo anti. Anticapitalista, antiliberal, anticomunista. También es ante todo praxis, y está poco respaldado por un corpus teórico previo y propio (esto no quiere decir que no tuviera ideólogos, pero creo que no llegó nunca a elaboraciones con una argumentación filosófica comparable siquiera a la del marxismo --no siendo en absoluto equivalentes, por cierto, complejidad filosófica y bondad intrínseca--).
Dicho esto, es comprensible que los intentos que se han hecho de definir el fascismo correspondan más bien a "listados" de características que se le pueden atribuir. Entre los trabajos más importantes realizados en este ámbito estarían los ya clásicos de Stanley Payne, en particular su obra de 1980 Fascism: Comparison and Definition, aunque obviamente sobre este tema se ha seguido escribiendo, teorizando e interpretando, y el debate historiográfico no parece que se vaya a cerrar nunca del todo. Lo que tampoco parece, no obstante, es que las aportaciones de Payne vayan a perder su valor. Payne elabora una lista (de hecho, un cuadro) en la que establece una descripción tipológica del fascismo. Me parece que puede constituir un interesante objeto de reflexión este listado, a la vista tanto de algunas noticias recientes como --y esto es quizá más importante porque lo tenemos en casita-- de ciertas acusaciones que oímos habitualmente en labios de una izquierda autoproclamada que no se sabe muy bien cuán alejada está del propio Chávez.
Tomemos a Payne y juguemos sencillamente a un divertido juego. El deporte es sano, ¿no? Pues venga: Aznar vs. Chávez. Suena el silbato:

A. Las negaciones fascistas:

- Antiliberalismo: Chávez 1 - 0 Aznar

- Anticomunismo: Chávez 1 - 1 Aznar

- Anticonservadurismo: Chávez 2 - 1 Aznar

B. Ideología y Objetivos:

- Creación de un nuevo Estado nacionalista autoritario, no basado únicamente en principios ni modelos tradicionales: Chávez 3 - 1 Aznar
Aclaro los motivos de esta puntuación: el fascista de Aznar, dejando aparte sus errores y las "actitudes" políticas de las que se puede discrepar, no subvirtió nunca el orden constitucional español, ni se colocó por encima de la lógica y la matemática parlamentaria, ni protagonizó un intento de golpe de Estado. Chávez no sé cuántas reformas constitucionales lleva ya, y su tendencia a perpetuarse en el poder es notoria. El fascista de Aznar limitó sus mandatos a ocho años. Y lo cumplió.
- Organización de algún tipo nuevo de estructura económica nacional integrada, regulada y pluriclasicista, se llamara nacionalcorporativa, nacionalsocialista o nacionalsindicalista: Chávez 4 - 1 Aznar
Ninguno de los dos encaja del todo aquí, pero creo que es obvio que la intensa regulación económica de Chávez lo hace mucho más (aunque no sea pluriclasicista) que el liberalismo económico del aznarato. Le otorgo el punto, pues.
- El objetivo del imperio o de un cambio radical en la relación de la nación con otras potencias. Chávez 5 - 2 Aznar
Las puntuaciones concedidas (un punto para cada) no se atienen del todo a mis propias opiniones al respecto, pero las dejo así en atención a quienes dicen (olvidando la política del propio Felipe González --OTAN de entrada no--) que el alineamiento con Estados Unidos y la postura proatlántica en general rompía con los tradicionales postulados de las relaciones exteriores de España. Esto es sumamente discutible, pero aceptemos barco. En cuanto a Chávez, su voluntad manifiesta de ser líder de un cambio regional y sus notorias excentricidades (por así llamarlas) en política exterior creo que le hacen acreedor sin duda de este bien merecido punto.
- Defensa específica de un credo idealista y voluntarista, que normalmente implicaba una tentativa de realizar una nueva forma de cultura secular, moderna y autodeterminada: Chávez 6 - 2 Aznar
Jugamos de nuevo al "a ver quién se parece más". Chávez no creo que sea idealista, pero abusa constantemente de la cuestión de la cultura del subcontinente latinoamericano y de su independencia --léase autodeterminación, ¿no?-- respecto a los malvados imperialistas; también habla de un "socialismo del siglo XXI" que tiene mucho de esta retórica de lo nuevo, de un cierto renacer.
C. Estilo y organización:

- Importancia de la estructura estética de los mítines, los símbolos y la coreografía política, con insistencia en los aspectos románticos o místicos: Chávez 7 - 2 Aznar
¿Les suenan esas camisetas rojas? ¿Ese tono exaltado?
- Tentativa de movilización de las masas, con militarización de las relaciones y el estilo políticos y con el objetivo de una milicia de masas del partido: Chávez 8 - 2 Aznar (creo que no harán falta explicaciones).

- Evaluación positiva y uso de la violencia, o disposición al uso de ésta: Chávez 9 - 3 Aznar
Aquí vuelvo a hacer una concesión; creo que hay cosas que son cualitativamente distintas, pero sin ánimo de entrar en largas disquisiciones al respecto concederé que ambos líderes han estado más que dispuestos al uso de la violencia. (Por otra parte, ¿qué Estado no lo está? Aquí es donde entraríamos en las diferencias cualitativas, pero eso para otro día.)
- Extrema insistencia en el principio masculino y la dominación masculina, al mismo tiempo que se defendía la visión orgánica de la sociedad: dejemos el marcador sin cambios.
Podría defenderse, puestos a defender, que ambos son machistas, o que no lo es ninguno. A falta de políticas concretas --que se me ocurran de entrada-- que respalden un argumento u otro, y a pesar de que a mí me parece claramente que Chávez va de macho, los dejo a los dos sin puntos. Todo sea por la concordia.
- Exaltación de la juventud sobre las otras fases de la vida, con hincapié en el conflicto entre generaciones, por lo menos al efectuar la transformación política inicial: de nuevo sin cambios (aunque tal vez me falten datos), pero creo que el culto a la juventud es lamentablemente algo bastante extendido por todo el mundo hoy día. Como si la juventud fuera un valor en sí mismo. En esto caemos quizá todos, aunque no a la manera de los fascismos.

-Tendencia específica a un estilo de mando personal, autoritario y carismático, tanto si al principio el mando es en cierta medida electivo como si no lo es: Chávez 10 - 3 Aznar


Goleada de Chávez, pues. En fin, entenderán ustedes que no pretendo que se tome esto demasiado en serio, y que en buena medida no es más que un juego, una salida tal vez simpática y facilona. Pero creo que el listado de Payne, pese a que yo lo haya masacrado, da mucho que pensar. Creo también, y esto es clave, que Chávez no es un fascista: a estas alturas, tiene una demasiado claro que el término no debe aplicarse a la ligera, pero ése precisamente es el problema de lo que está haciendo Huguito. Que no es fascista, repito, pero que desde luego se acerca más a la definición de fascismo que nuestro denostado y doméstico Aznar. Tampoco hace falta acusar a Chávez --erróneamente-- de fascista: argumentos contra él hay de sobra. Algunos dirán que también contra Aznar; yo creo que sí, que los hay. Pero también creo que no son tantos, o no tan buenos. Chávez lo está demostrando a diario, pero más que sus diatribas reitero que me preocupan los iluminados líderes de una izquierda española (pero plurinacional, ¿eh?) que según parece no ha abierto en su vida un libro de Historia. Quizá sí hayan devorado muchos de memoria histórica, claro. Pero convendrán conmigo en que eso... Eso es otra cosa.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

¿Qué izquierda?

Extraigo algunos fragmentos del interesantísimo (y refrescante, por cierto, ante las cosas que hay que aguantar últimamente) Manifiesto de Euston por la renovación de la política progresista.
Somos demócratas y progresistas (...) La reconfiguración del pensamiento progresista a la que aspiramos implica el trazado de una frontera entre las fuerzas de izquierdas que permanecen fieles a sus valores auténticos y otras corrientes que últimamente han manifestado una excesiva flexibilidad respecto de esos valores. Supone hacer frente común con los demócratas de verdad, sean o no socialistas.
(...)
DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS:
1. Por la democracia
Manifestamos nuestro compromiso con las normas democráticas, sus procedimientos e instituciones (...) Apreciamos las tradiciones e instituciones y el legado de (...) la democracia pluralista y liberal.

2. Contra la apología de la tiranía
Nos negamos a justificar o a manifestar nuestra indulgente “comprensión” de los regímenes y movimientos reaccionarios para los cuales la democracia es un enemigo detestado (...) Trazamos con mano firme una frontera entre nosotros y quienes desde posturas progresistas de izquierdas se apresuran actualmente a brindar razones exculpatorias a estas fuerzas políticas.

3. Derechos humanos para todos
Consideramos que los derechos humanos fundamentales inscritos en la Declaración Universal son precisamente universales (...) Rechazamos el doble rasero [de] buena parte de la autoproclamada opinión progresista, para la que las violaciones de los derechos humanos más benignas (aunque desgraciadamente existentes) cometidas cerca de casa o a manos de gobiernos desfavorecidos son siempre más denunciables que otras violaciones flagrantemente más graves. Rechazamos asimismo el relativismo cultural (...)

4. Igualdad
Abrazamos los principios de una política igualitaria universal [y de] la igualdad social y económica más amplia en todos los ámbitos (...) Dejamos abierta la definición de las mejores formas económicas de lograr esta igualdad generalizada, pero apoyamos los intereses de los trabajadores en todo lugar y su derecho a organizarse para defenderlos. Los sindicatos democráticos son las organizaciones de base en la defensa de los intereses de los trabajadores (...) Los derechos laborales son derechos humanos (...)

5. Desarrollo para la libertad
Defendemos el desarrollo económico global para la libertad y contra la opresión económica estructural y la degradación del medio ambiente. La expansión actual de los mercados globales y la libertad de comercio no deben servir los limitados intereses de una pequeña elite (...) La globalización debe aspirar a una integración social global y al compromiso con la justicia social. Apoyamos una reforma radical de las principales instituciones encargadas del gobierno global de la economía (...)

6. Oposición al antiamericanismo
Rechazamos (...) el antiamericanismo que actualmente infecta una parte importante del pensamiento progresista de izquierdas (...) No se trata de postular a EE.UU. como modelo de sociedad (...), pero (...) alberga una democracia consolidada con una noble tradición a sus espaldas y logros sociales y constitucionales duraderos alcanzados en su nombre (...) El hecho de que la política exterior de EE.UU. con frecuencia haya luchado contra gobiernos y movimientos progresistas y apoyado a algunos que son autoritarios y regresivos no puede justificar un prejuicio generalizado (...)

7. Por la solución de los dos estados
Reconocemos el derecho tanto del pueblo israelí como del palestino a la autodeterminación, en el marco de dos estados distintos. La subordinación o eliminación (...) de una de las dos partes (...) no puede constituir una solución razonable (...)

8. Contra el racismo
Para los progresistas y la izquierda el antirracismo es un axioma de base (...) La reciente reaparición [d]el antisemitismo no ha sido aún convenientemente reconocida en ambientes progresistas y de izquierda. Algunos explotan los legítimos agravios del pueblo palestino (...) para enmascarar sus prejuicios contra el pueblo judío detrás del eslogan del “antisionismo” (...)

9. Unidos contra el terror
Nos oponemos a todas las formas de terrorismo (...) No puede ser justificado con el argumento de que se realiza en nombre de una causa justa. El terrorismo de inspiración islamista es hoy una realidad generalizada. Constituye una amenaza a los valores democráticos y la libertad (...) Ello no debe servir de justificación para los prejuicios contra los musulmanes, [pero] constituye una amenaza que ha de ser combatida y no justificada.

10. Un nuevo internacionalismo
Apoyamos una política internacionalista y la reforma de las leyes internacionales en pro de la democratización y el desarrollo globales. Las intervenciones humanitarias, cuando son necesarias, no son un desprecio de la soberanía sino su conveniente aplicación a la “vida en común” de las personas. Sólo los Estados que protegen mínimamente la vida en común de sus gentes (...) merecen que su soberanía sea respetada (...) Cada vez que se traspasa el límite de la inhumanidad, se impone la “responsabilidad de proteger”.

11. Apertura crítica
Basándonos en la desastrosa experiencia de las justificaciones de los crímenes del estalinismo y el maoísmo avaladas por la izquierda, así como en más recientes ejemplos de esta conducta (algunas reacciones a los crímenes del 11-S, la búsqueda de excusas para el terrorismo suicida, la reciente y vergonzosa colaboración entre el movimiento del “no a la guerra” y los teócratas dogmáticos), rechazamos la idea de que no puede haber enemigos en la izquierda. Del mismo modo, rechazamos la idea de que no pueden tenderse puentes a ideas y personas situadas a nuestra derecha. Los izquierdistas que hacen causa común con, o hallan excusas para, las fuerzas antidemocráticas deben ser criticados de la manera más clara y contundente. A la inversa, prestamos atención a voces e ideas liberales y conservadoras que contribuyen al fortalecimiento de las normas y prácticas democráticas y a la lucha por el progreso de la humanidad.

12. La verdad histórica
(...) Manifestamos enfáticamente el deber de los genuinos demócratas de respetar la verdad histórica. No sólo los fascistas, los negacionistas y otros de esta especie han intentado borrar las huellas de la historia. Una de las tragedias de la izquierda es que su misma reputación se vio masivamente comprometida por el movimiento comunista internacional, y algunos de sus miembros aún no han aprendido la lección que se impone (...)

13. Libertad de pensamiento
Defendemos la tradicional libertad de pensamiento liberal (...) Se debe defender el derecho a criticar ideas (incluso sistemas de ideas) suscritas por otros. Esto incluye la libertad de criticar las religiones, tanto los credos específicos como la religión en general (...)

14. Código abierto
En el marco del libre intercambio de ideas, y con el fin de fomentar las iniciativas intelectuales conjuntas, apoyamos el desarrollo sin trabas del software y otras herramientas creativas y nos oponemos al registro de genes, algoritmos y fenómenos de la naturaleza (...)

15. Una herencia que hay que proteger
Rechazamos el miedo a la modernidad, el miedo a la libertad, el irracionalismo, la subordinación de las mujeres. Y reafirmamos las ideas que inspiraron los grandes llamamientos colectivos de las revoluciones democráticas del siglo XVIII: libertad, igualdad y solidaridad, derechos humanos, búsqueda de la felicidad. Estas ideas seminales se convirtieron en nuestra herencia gracias a las transformaciones socialdemócratas, igualitarias, feministas y anticolonialistas de los siglos XIX y XX, que aspiraron a la búsqueda de la justicia social, el estado del bienestar (...) Pero no somos fanáticos, y por ello abrazamos igualmente los valores del libre cuestionamiento, el diálogo abierto y la duda creativa, del juicio ponderado y la conciencia de los límites impuestos por la realidad. Nos oponemos con el mayor vigor a la imposición de una verdad total, incuestionable y acrítica.
El Manifiesto sigue, y lo recomiendo fervientemente. Quizá en otro momento profundice en alguno de los aspectos que he reseñado. De momento, creo que les dejo una buena lectura.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Risas y lágrimas

Las autoridades sanitarias desaconsejan ver el siguiente vídeo en lugares públicos en los que las personas circundantes puedan asustarse de las carcajadas. O de las lágrimas.



Eso sí: se recomienda fervientemente no perdérselo. Una buena muestra de eso que llaman calidad democrática.

El hallazgo, cortesía de Evasión liberal (laboral).

Huelga añadir comentarios.