miércoles, 31 de diciembre de 2008

Fin de año (memético)

En estos momentos en los que nadie andará perdiendo el tiempo en leer y actualizar blogs (menos yo, por lo visto) porque todos preferimos perder el tiempo decidiendo qué nos vamos a poner esta noche, aprovecho para ofrecerles una entrada intrascendente en la que abandono mi habitual intelectualoidismo de sobremesa para lamentarme de mi actual estado médico (estoy coja), proponerme escribir más el año que viene (juas juas), gritarle al mundo la buena nueva de que soy becaria (!!!) o --más bonito-- "investigadora en formación" (juju), desearles a todos un feliz año (o al menos una buena fiesta para empezarlo) y, pecado de pecados, dedicarme a contestar un meme de estos que me llegó hace un tiempo.

Ustedes me perdonarán. Que tengan un bonito 2009.

(Qué efecto más raro tienen en mí estas fechas...)


¿Qué te motivó a escribir un blog?
Demasiado tiempo libre, ciertas ganas de decir algunas cosas en un tono más sosegado del que me sale en mitad de una discusión airada, una ligera sensación de que tenía que ejercitar las neuronas de alguna forma y --cómo negarlo-- ese argentinito que todos llevamos dentro (Berlin dixit) y al que vulgarmente se conoce como ego. Mezclar y agitar.

¿Consideras que escribes bien?
Considero que escribo correctamente, es decir, que controlo razonablemente bien la gramática y la estructura de un texto, y que generalmente soy capaz de una cierta claridad expositiva. Otra cosa (para darse cabezazos contra la pared) son las veleidades literarias, pero precisamente por eso las dejé atrás junto con la adolescencia. Una frustración como cualquier otra, supongo. Eso de crecer seguramente tiene que ver con ir asumiendo las propias limitaciones.

¿Cuál sería un adjetivo (o varios) para describirlo?
Últimamente, abandonado. En términos generales, irregular, directo, a veces polémico, quizás demasiado tajante. Irónico (no sé si demasiado). Pedante a ratos, probablemente. Tal vez frío, impersonal y distante. Habitualmente sosegado, hasta que algo me toca demasiado las narices y pierdo los estribos. [Vamos, que eso de ser el espejo del alma ya no es prerrogativa exclusiva de los ojos.]
Pero en última instancia, me quedo con el que ha seleccionado My blue eye para el suyo: diletante.

¿Has pensado a veces que se ha vuelto una obligación? ¿Cuándo?:
Nah: cuando no me apetece, no escribo. Lo que sí me ocurre con cierta frecuencia es tener ganas de publicar algo y sentir que se me ha secado el cerebro y no tengo nada que decir.

Seguro que hay blogs que no te gustan. ¿Cuáles? ¿Te atreves a mencionar uno en concreto y decir por qué?
La mayoría de los blogs no me gustan, porque lo bueno escasea en Internet tanto como en eso que llamamos "la vida real". En lo que se refiere a la blogosfera (palabro) política, me aterrorizan los extremistas y sectarios de cualquier color. En otras categorías, no hay nada peor que un egoblog de alguien que no sabe escribir y/o transmitir, pero el egoblog bien hecho es un producto tan raro como apreciable.
Lo de mencionar uno en concreto sería una injusticia para con el resto de la extensa lista, así que mejor seamos equitativos :-P

¿Comentas a veces por obligación?
No.

¿Temes que un día tu blog deje de atraer a la gente y dejen de comentarte?
No duermo por las noches.

¿Cuál es tu post preferido de este año?
Uf. Mi memoria no da para tanto, pero por mencionar uno: Joaquín Leguina publicó hace relativamente poco uno con el título de Muertos y sepultura que me encantó.

¿Cuál es tu blogger preferido? No valen preferencias afectivas.
Hay muchos, pero sirva esto de homenaje a una torre caída: Noches confusas seguirá siendo un referente: divertido, lúcido, a veces críptico, generalmente provocador en la medida justa. (Y ahora, además, parece ser que muerto, y ya se sabe que no hay nada como morirse para que hablen bien de uno. No se lo crea demasiado, Sr. Smith.)

¿Qué crees no serías capaz de escribir?
Eh... No sé. ¿Crónicas futbolísticas? Pero nunca digas de este agua no beberé.

¿Piensas que un blog es una especie de terapia?
Imagino que sí. Contraproducente, a veces, pero sí. Lo malo es que se note demasiado.

Una pregunta que te gustaría que contestasen tus lectores:
¿Se nota demasiado? :-P

sábado, 13 de diciembre de 2008

OTAN, de entrada NO

o Crónica de un No a la Guerra relativo

José Luis Rodríguez Zapatero ha anunciado durante una entrevista en Telecinco que si gana las próximas elecciones mantendrá a las tropas españolas en Irak hasta el 30 de junio de 2004, y que si en esa fecha las riendas del país no están en manos de Naciones Unidas, los soldados retornarán.

El Mundo, 13 de febrero de 2004.


El compromiso de Zapatero es que retirará las tropas de Irak antes del 30 de junio si en esa fecha la ONU no toma "las riendas" del país.

El Periódico, 25 de marzo de 2004.

Zapatero anuncia la retirada inmediata de las tropas de Irak
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha anunciado la retirada inmediata de las tropas españolas de Irak. El regreso del contingente se hará "en el menor tiempo y con la mayor seguridad posible" y se debe a las pocas perspectivas de que la ONU se haga cargo de la situación en Irak.

El Mundo, 19 de abril de 2004.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado por unanimidad una resolución para respaldar al Gobierno interino de Irak y confirmar la permanencia de las tropas extranjeras en el país una vez devuelta la soberanía. Los principales puntos de la resolución son los siguientes:
- Respalda la formación del Gobierno interino soberano de Irak que asumirá plena autoridad el 30 de junio de 2004 -fecha en la que terminará la ocupación y dejará de existir la Autoridad Provisional de la Coalición-, y hasta que el gobierno de transición asuma el poder (principios de 2005) (...)
- Autoriza la fuerza multinacional, cuya presencia ha sido solicitada por el Gobierno iraquí. La fuerza, que estará bajo un mando único, podrá tomar las medidas necesarias para mantener la seguridad, de manera que se pueda cumplir el calendario político y avanzar en la reconstrucción. Además, ayudará a crear instituciones y fuerzas de seguridad. (...)
- El representante especial en Irak del secretario general (aún por nombrar) y la Misión de la ONU (UNAMI) en este país tendrán, en la medida que lo permitan las circunstancias, el liderazgo en tareas como asistir en la convocatoria de la conferencia nacional en julio de 2004, en la elaboración de la constitución y el proceso electoral. (...)
- Insta a la comunidad internacional y a las instituciones financieras internacionales que ayuden con recursos materiales y humanos en el proceso de transición.

El Mundo, 9 de junio de 2004.

El titular de la cartera de Defensa ha explicado que el Ejecutivo ha acordado prorrogar hasta el 31 de diciembre de 2004 la participación de unidades militares españolas en el extranjero en misiones de paz "amparadas siempre por la legalidad internacional", al tiempo que ha señalado que ha rebajado en un centenar el límite máximo autorizado, hasta los 2.600 efectivos.

El País, 25 de junio de 2004.

En el desarrollo que ha tenido el tratamiento de las misiones de paz desde que Zapatero es presidente, primero fijamos un límite global de 3.000 efectivos en el exterior por decisión del Consejo de Ministros y luego aprobamos una ley de Defensa Nacional, para que ningún soldado español salga de nuestras fronteras sin el aval de la legalidad internacional y respaldo del Parlamento. Eso me lleva a la reflexión de que quizá ha quedado obsoleto el acuerdo del Consejo de Ministros por cuanto la propia ley hace que se autorice un número máximo de efectivos para cada misión. Anuncié mi intención de compartir esa reflexión con las fuerzas políticas.

Carmen Chacón, entrevistada en El País, 27 de julio de 2008.

El vicesecretario general del PSOE, José Blanco, señaló hoy que, tal y como le ha asegurado el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, actualmente no existe "ninguna previsión de aumentar nuestras tropas en Afganistán".

EcoDiario.es, 10 de noviembre de 2008.


El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, admitió ayer que quizá sea necesario hacer "un nuevo esfuerzo militar" en Afganistán, pero aseguró que España no contribuirá al mismo porque ya "ha pagado un precio alto en vidas humanas".

Informacion.es, 16 de noviembre de 2008.

Chacón afirma que se pueden enviar hasta 7.700 soldados fuera
El Gobierno elimina el límite de 3.000 militares en el extranjero
"A partir de 2009, el número de soldados españoles que participará en misiones internacionales estará limitado solamente por la legalidad de la misión, la voluntad del pueblo español y la capacidad de nuestras Fuerzas Armadas", enfatizó Chacón.

El País, 11 de diciembre de 2008.


Tralará.

What next? Se admiten apuestas.

martes, 9 de diciembre de 2008

El referente europeo (V): Transición y democracia

Durante la dictadura franquista, el acceso a Europa en calidad de miembro plenamente integrado se quedó en una aspiración frustrada. Para cuando llegó la muerte del Generalísimo en noviembre de 1975, resultaba ya meridianamente claro que sin democratización sería absolutamente imposible convertirse en europeos de pleno derecho. Para entonces, la actividad de la oposición y la comparación del estilo de vida del resto de Europa con el español habían contribuido a crear una percepción del Franquismo como un elemento que obstaculizaba la salida de España de su atraso histórico. La europeización volvía pues a convertirse en un reto colectivo, sobrepasando los aspectos puramente institucionales hasta aparecer ligada a la autoestima de una población que había vivido cuarenta años de ostracismo y de inferioridad con respecto al mundo civilizado. Sin duda, esta percepción no puede adjudicarse a todos y cada uno de los españoles que vivieron el proceso de Transición. Sin embargo, y dejando a un lado la dificultad de medir hasta qué punto Europa se convirtió en punto referencia para el conjunto del país, lo que sí resulta evidente es que al menos el discurso público que se contruyó durante la Transición y en los años posteriores –llegando en cierta medida hasta nuestros días– estuvo profundamente impregnado de semejante visión.

Este nuevo discurso –que, como hemos visto, no era tan nuevo, pero que después de la muerte de Franco se generalizaría en la esfera pública– identificaba claramente los conceptos de libertad y democracia con el deseo de adquirir un estatus moderno y europeo. El Rey Juan Carlos I, visto en un principio con recelo entre muchas de las fuerzas de la oposición por haber sido designado sucesor por el propio Caudillo, supo asumir desde un principio el valor legitimador de este discurso y colocarse del lado de los partidarios de una democratización a la europea, ganando así apoyos entre una sociedad que en términos generales reclamaba un cambio político. En el discurso pronunciado ante las Cortes en noviembre de 1975, el monarca puso énfasis en el carácter europeo de España, al afirmar que la idea de Europa estaría incompleta sin la presencia española y que por tanto Europa debía contar con los españoles, que eran europeos. De ello derivaba que tanto en el continente como en el interior del país tendrían que darse los pasos necesarios para llegar a la integración. Juan Carlos sugería así que su propósito como monarca no era otro que el encaminar al país en esta dirección, la del ingreso en Europa, a través de un proceso de modernización y reconocimiento de libertades.

El otro gran personaje de la Transición, Adolfo Suárez, asoció con frecuencia la modernización de España con la meta idealizada de convertirse en europeos. De hecho, la aspiración a formar parte de la Europa unificada se convirtió durante el proceso de transición a la democracia en uno de los escasos asuntos en los que fue posible un amplísimo consenso de las fuerzas políticas, facilitando en ese sentido el paso a una España democrática. El europeísmo adquiría así en la España de la época lo que Fernando Morán considera un valor prácticamente metapolítico, convirtiéndose en uno de los pilares sobre los que se sustentaría la unanimidad que hizo posible la Transición. No en vano, los programas electorales de los dos principales partidos que concurrieron a las primeras elecciones democráticas reflejaban esa idea. UCD apoyaba "el principio de la incorporación en las Comunidades Europeas", y se vendía como un partido basado en las ideologías "que hicieron posible la construcción de Europa y el renacimiento de la democracia en el viejo continente tras el fin de la última guerra". En cuanto al PSOE, asumía en su programa "la responsabilidad de abrir Europa a España", para lo cual se proclamaba especialmente dotado en virtud de sus relaciones con los socialistas y socialdemócratas europeos.

Tras su victoria, Suárez declaró triunfal que su gobierno haría todo lo posible por conseguir el ingreso español en la CEE, y que España habría de conseguirlo porque también España era Europa. Esta afirmación podía hacerse precisamente entonces, desde el momento en que el país había alcanzado lo que se consideraba un estatus europeo al votar libremente a sus dirigentes políticos. El ser europeo se perfilaba así no como una característica inherente a un país por su situación geográfica o su tradición cultural, sino como un objetivo que debía alcanzar, un estatus al que se podía aspirar tan sólo a partir de determinados logros. Según Paloma Aguilar, si la Guerra Civil era la tragedia colectiva de un pasado que se pretendía olvidar, Europa era la aspiración mítica del futuro al que se deseaba llegar. Desde la óptica del discurso del consenso, esta homologación con Europa aparecía como el objetivo anhelado por una tercera España –especialmente defendida por el europeísta Laín Entralgo–, la del acuerdo, la tolerancia, el diálogo y la moderación, que aspiraba así a dejar atrás a las dos Españas violentas y confrontadas de los años treinta. En el plano simbólico, la modernidad europea era posible a partir de ese reconocimiento y respeto mutuos entre las diferentes fuerzas políticas.

Europa jugó en este sentido un papel decisivo en la construcción de una nueva identidad colectiva, que se pretendía resultase más inclusiva al estar abierta a todas las tendencias. Como símbolo de prestigio y como fuente de orgullo nacional, el camino que llevaría a la entrada en la CEE en 1986 se convertía así en una especie de proyecto colectivo más allá de diferencias ideológicas. Europa representaba todo lo que se alcanzó como fruto del consenso que hizo posible la Transición: la democracia y las libertades, unidas a un deseo de modernización del país que nos remite a las primeras décadas del siglo XX, en que para algunos Europa había significado precisamente eso. La identidad nacional, asociada así al concepto de ciudadanía europea, se convertía en una construcción mental menos monolótica y, por lo mismo, menos excluyente y mucho más asumible por cualquier español que la identidad construida por el franquismo.

En un país cuyo propio nombre, España, se había convertido por obra y gracia del franquismo en una palabra que traía a la mente recuerdos poco gratos a algunos, y en el que la patria había quedado desprestigiada por cuarenta años de propaganda nacionalista de la dictadura (y por la dejadez de quienes permitieron la apropiación) –aún vivimos las consecuencias de esto–, la construcción de una nueva identidad en clave europea, la idea de una España homologable a Europa permitió la creación de un discurso público que redefiniese y relegitimase la identidad nacional.

La adhesión definitiva de España a la CEE marcaría así de algún modo la culminación del proceso de transición español, normalizando el país e integrándolo plenamente en Europa como Estado democrático y de derecho. Las palabras pronunciadas por Felipe González en el momento del ingreso revelan una asociación directa entre los conceptos de lo europeo, lo democrático y lo moderno. Era esta una percepción que no era exclusivo al partido gubernamental; antes al contrario, la especial significación de aquel discurso público estriba en su predominio dentro de la cultura política española del momento, en tanto en cuanto podría era asumido con facilidad por prácticamente todo el espectro ideológico:
El ingreso de España en la Comunidad Europea es un proyecto ambicioso de largo alcance que desborda sobradamente el ámbito estricto de las cláusulas del tratado que acabamos de suscribir.
Para España, este hecho significa la culminación de un proceso de superación de nuestro aislamiento secular y la participación en un destino común con el resto de los países de Europa occidental.
Para nuestra realidad económica y social supone, sin duda, un desafío de modernidad que exige un cambio de mentalidad y de estructuras. Será un esfuerzo de adaptación aún mayor que el hecho en su día por los países fundadores de la Europa comunitaria, porque nos sumamos con retraso a un proceso ya en marcha.
Tengo confianza, sin embargo, en que a ese desafío va a responder claramente nuestra sociedad (trabajadores y empresarios, profesionales, técnicos e investigadores, hombres y mujeres de todos los pueblos de España). Con el esfuerzo de todos y la ilusión de un pueblo dinámico y joven podremos afrontar el reto de la modernización económica, social y tecnológica que nos permitirá cruzar con confianza y paso firme el umbral de la próxima centuria.
España es hoy miembro de pleno derecho de la Unión Europea y sigue teniendo una de las sociedades más europeístas de la misma. A diferencia de lo que ocurre en países como Gran Bretaña, en España la identidad europea no parece estar reñida con la nacional. A priori, esto puede resultar extraño en un país cuya trayectoria histórica lo ha mantenido durante tanto tiempo apartado de los acontecimientos europeos y del desarrollo experimentado por el continente, muy especialmente en época contemporánea.

Sin embargo, cabe hacer dos observaciones respecto a lo anterior. En primer lugar, es obvio que la visión catastrofista de una España, la del siglo XIX, inmune a las influencias europeas resulta cuanto menos matizable, si no directamente absurda. La construcción del Estado liberal en España, por defectuosa que resultase y por muchas resistencias que encontrase, obedecía tanto a desarrollos internos como, de manera muy importante, a los diversos influjos de la Ilustración y el Liberalismo europeos que desde los momentos finales de la Edad Moderna empezaron a penetrar en España. Sin embargo, es cierto que la evolución política se vio lastrada finalmente por un proceso de modernización incompleto y por algunas etapas de intensa y prolongada cerrazón cultural que tuvieron lugar a lo largo de los siglos XIX y XX. Las restauraciones absolutistas de Fernando VII actuarían en este sentido, como lo haría también la dictadura de Franco, quebrando una evolución que en algunos momentos parecía augurar promesas de algo diferente (si bien es cierto que a los portadores de aquellas promesas también habría que someterlos a examen y análisis). Pretender ofrecer en unas líneas una explicación convincente y completa del atraso resultante sería ridículo; pero conviene al menos dejar esbozada la idea de que es necesario matizar la supuesta falta de influencias europeas en la España contemporánea. Antes al contrario, fue precisamente esta penetración de las corrientes modernizadoras europeas lo que provocó, en su enfrentamiento con los valores del tradicionalismo, buena parte de los avatares históricos de la Edad Contemporánea española.

Por otra parte, interesa señalar que no es del todo de recibo la extrañeza inicial que puede producir el hecho de que, aceptando la generalización según la cual España ha sido un país fuertemente plegado sobre sí mismo frente a las tendencias europeas, sea precisamente este mismo país el que desde la Transición ha mostrado tan patente interés por Europa. Si el enfrentamiento entre el mito del progreso y el de la tradición, entre las visiones modernizadoras y las esencialistas, entre europeísmo y casticismo, ha sido uno de los ejes que ha recorrido la Historia española en los últimos dos siglos, no cabe sorprenderse de que sea ahora, en el primer periodo duradero y estable del devenir histórico español en que se goza de libertades democráticas y de un grado cuando menos aceptable de convivencia, cuando los españoles han logrado ponerse más o menos de acuerdo en la conveniencia de la participación española en la integración europea y de que el país juegue importante papel en la misma.

El catastrofismo, como el optimismo desaforado, es mal consejero. No cabe obviar los muchos defectos que sigue presentando el sistema político español, como tampoco sería sensato dejar de lado el análisis de los errores u omisiones en que se incurrió durante la Transición. Sin duda, España aún tiene importantes problemas de los que ocuparse y en algunos de ellos sigue siendo patente una herencia de décadas de atraso con respecto a buena parte del continente. Eso, al fin y al cabo, lo comprobamos asomándonos al periódico cada día: en palabras de Reverte, "somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos". Sin embargo, ello no debe ser obstáculo para reconocer que si España hoy día se identifica con Europa es precisamente porque ha logrado verse a sí misma como una nación-Estado, ahora sí, moderna. No debe deducirse de ello que haya desaparecido del todo un tradicional complejo de inferioridad –algo habrá, en la constante mirada al referente europeo, de ansias de equiparación aún no satisfechas del todo–, pero el dramatismo del dolor por una España atrasada y ensimismada ha pasado en gran medida a ser simplemente Historia.
Esta nueva percepción y la seguridad que da la pertenencia a Europa tiene mucho de base material: no en vano, España ha vivido en paralelo a su integración europea un proceso de modernización social y política aparejado a una indudable aceleración del tiempo histórico, particularmente en comparación con el inmovilismo generalizado (aunque matizable) de la etapa de la dictadura. Sin embargo, parece también sensato suponer que mantiene aún un cierto influjo sobre la conciencia española el discurso político que, procedente de las corrientes opositoras, se terminó de construir durante la Transición, equiparando la modernización, democratización y normalización de España con su adhesión como miembro de pleno derecho al proceso de unificación europea.

viernes, 7 de noviembre de 2008

The Economist y los titulares domésticos

Escribir titulares es también un arte, hecho que sale a relucir por estos lares con mayor frecuencia de la que sería deseable. Y lo es, sobre todo, habida cuenta de la tradicional e ibérica maldición sobre los idiomas y de la no menos tradicional e ibérica costumbre de comprar el periódico porque regalan el último deuvedé de algún director de esos que considera que enseñar una teta en el momento oportuno, en el no oportuno o, sencillamente, en todo momento, suple la falta de argumento y de oficio al tiempo que justifica las subvenciones. Sin tetas no hay paraíso, como ya sabemos.

But I digress. El caso es que sale uno en una mañana de viernes a hacerse con la película, perdón, con el periódico, y de paso con los sudokus o los cursos de inglés de regalo o la colección de recetas para hacer en cinco minutos, sin esfuerzo alguno, con ingredientes de andar por casa y por un módico precio una milhojas de pétalos de rosa con reducción de membrillo aromatizado con jengibre, sobre un lecho de verduras frescas salteadas, rociadas con una reducción de Pedro Ximénez y adornadas con bolitas de caviar. Algo así. Recetas para la clase obrera de chaqueta de pana, en definitiva, que uno sabe bien que el periódico que compra es de los suyos. Casi de la casa.

En fin, que embutido en el chándal y con el periódico felizmente comprado (ser uno de los 2.598.800 da al menos para eso, que ya es algo) se planta uno en casa y se pone a hojear aquel engendro, fundamentalmente en busca de los pasatiempos. Y como quien no quiere la cosa, en una de esas vueltas de hoja, sus ojos pasan por encima de un titular que asegura:
'The Economist' defiende que España esté en la cita del G-20
"¡Ajá!", se dice uno, a quien eso de que las dos primeras palabras estén en inglés le parece así como muy prestigioso, muy oportuno, muy a tono con la nueva y recién hallada vocación internacional de España. "Las publicaciones del mundo entero saliendo a defendernos. Si es que el presi tenía razón." Un vistazo a la primera frase de la noticia basta para confirmarlo:
"España tiene algo que decir en cualquier debate sobre las finanzas mundiales", afirma el semanario británico The Economist...
Se sonríe uno, congratulándose por tan acertada elección de presidente como la que hizo este nuestro país hace unos meses, adelantándose a la revolución de Obama. "Ay", se dice con cierta mirada condescendiente pero --ahora sí-- empática, "si es que estos yanquis, los pobres, ha tardado en tomar ejemplo". Seguro que lo próximo que haga Obama será proponer que todas las civilizaciones del mundo queden citadas dentro de unas semanas en algún lugar previamente designado para empezar a preparar un musical multirracial, multiétnico, multigenérico, multicorrecto y multicolor. Estreno previsto el 20 de enero, en el día anunciado del advenimiento cuya buena nueva nos fue dada a conocer por las revelaciones de Pepiño Blanco.

Vuelvo a irme por las ramas, ay de mí, qué dispersión, pero es que son tantas las buenas noticias y es tanta la esperanza... El caso es que si uno, en una rareza estadística, va más allá de esa primera frase y continúa leyendo, puede que se le ensombrezca algo el entrecejo, porque entonces resulta que descubre que esos ingleses --la perfidia de Albión, ya se sabe-- andan por ahí diciendo que nuestro presi ha mostrado "escaso interés en el mundo más allá de España". Y no sólo eso:
Pero [el semanario] no ahorra críticas: "La historia quizás juzgará que Zapatero tenía razón al oponerse a la guerra de Irak. Pero [su política exterior] se ha parecido más a los lamentos de una ONG que a la búsqueda del interés nacional de un país que quiere ser tratado como líder mundial".
Claro que para eso hay que llegar a la última línea de la noticia, que ya es mucho suponer, porque la carrera hacia el sudoku y la programación de la tele para esta tarde suele ser vertiginosa, y los titulares desfilan a gran velocidad ante los ojos del ávido lector (sí, bueno: lee titulares, ¿no?) y, en fin, que no da tiempo, no hay tiempo para todo, cuán corta es la vida. En realidad, aun en el improbable caso de que uno se lea la noticia, la conclusión final es clara: a ella apunta el titular, cuya función es precisamente la de resaltar el centro de la noticia: 'The Economist' nos apoya, y aunque pueda deslizar alguna pequeña reprobación para que no los tachen de acríticos, el entusiasmo es evidente. Al fin y al cabo, han dedicado un editorial entero a defender que España, y con ella su presi, tienen que estar.

Y ¡ay, queridos amigos!, en la versión digital de la noticia ni un mal enlace a este editorial que tan encarnizadamente nos defiende. Y eso de ponerse a buscar, y encima en inglés... En fin, que no. Y menos mal, porque podría uno llevarse un serio disgusto. Y aun varios:
There are in fact few things in life so wounding to self-esteem as to be excluded from a gathering where you think you rightly belong. In an attempt to avoid such a fate, José Luis Rodríguez Zapatero, Spain’s prime minister, has cast dignity aside and importuned all and sundry with a request to be invited to a conference on November 15th to discuss reforms to the international financial system.
[...] But if Spain is too easily overlooked, it is partly Mr Zapatero’s fault. He is one of Europe’s few successful politicians of the left. Underestimated by his opponents at home, he was re-elected to a second term earlier this year. But he has shown little interest in the world beyond Spain. In this parochialism he faithfully represents a country where decentralisation has brought benefits but narrowed political horizons. That does not reduce its potential cost.
El remate es sin duda lo más disgustoso entre tanto disgusto. Tanta difamación escuece, y aquí mejor prescindir de las negritas porque habría que aplicarlas por doquier:
In contrasting ways both of his predecessors, Felipe González and José María Aznar, carved out a role for Spain as an important actor in Europe and as a bridge to the Americas. History may judge that Mr Zapatero was right to oppose the war in Iraq. But under him and his foreign minister, Miguel Angel Moratinos, Spain’s foreign policy has resembled the pleadings of an NGO rather than the cool-headed pursuit of national interest by a country which wants to be treated as a world leader. In his first term, Mr Zapatero’s main initiative was a worthy but nebulous “Alliance of Civilisations”. In his second term he has set as a goal the worldwide abolition of the death penalty.

Mr Zapatero has proved himself a skilled political tactician. But he has shown no willingness to lead his Socialist Party out of its politically correct comfort zone. If Spain’s remarkable success is not now to be followed by stagnation and limited international relevance, he will have to do so.
Y de todo esto, lo que queda en casa es que hay por ahí entre los forasteros un semanario que proclama que España ha de estar. Como diría Forges (según me recordaba alguien hace poco), y nunca mejor dicho: País.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Obama hace prácticas con Zeta


Obama Undertakes Presidential Internship To Ease Concerns About His Lack Of Experience



Las civilizaciones del mundo (aliadas) no dejan de mostrarnos su admiración. Debe ser cosa de la fina diplomacia española.

viernes, 17 de octubre de 2008

Eficacia jurídica

(...) La decisión de Garzón supone, como él mismo recoge en su auto, "una forma de rehabilitación institucional ante el silencio desplegado hasta la fecha". Aquí radica el valor fundamental de la iniciativa para las víctimas del franquismo y sus familiares, más allá del recorrido que en los tribunales tenga el procedimiento iniciado por Garzón, amenazado por el recurso de la fiscalía. (...) El mérito de Garzón, de consecuencias previsiblemente más simbólicas que jurídicas, es el de afirmar que habría sentado en el banquillo a Franco y sus lugartenientes si hubieran estado vivos.
Los juzgados colapsados y El País contándonos que el cometido de la justicia es hacer teatro. Por cierto, que no acaba una de entender dónde estriba exactamente el mérito de afirmar tal cosa. Será por decir.


El Mundo, por su parte, no rehuye del todo el humor al resumir en portada el Acto I de la [tragi]comedia:

miércoles, 15 de octubre de 2008

El paso cambiado



Caben muchas interpretaciones. Lo que está claro, desde luego, es que la foto no tiene precio.

Vía El País.